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24 de Marzo: “La memoria genuina no se cultiva de manera parcial”

Cada 24 de marzo se conmemora el “Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia”, fecha que recuerda el comienzo del Golpe de Estado de 1976, golpe que instauró la Dictadura más sangrienta de la historia argentina.

Obviamente es necesaria la memoria para que aflore la verdad y finalmente se haga justicia, ya que, como Diría Bertrand Russel, la verdad basada en una falsa concepción de los hechos, no es verdad verdadera.

En ese sentido, la Memoria por la verdad sobre lo que ocurrió en Argentina entre los 70 y los 80 no puede construirse en base a la repetición cíclica de mantras o verdades sagradas. No es restringiendo el debate como se construye la verdad.

Cada vez que se conmemora esta luctuosa fecha, “la memoria” y “la verdad” a la que los distintos gobiernos peronistas hacen referencia, aparecen seriamente cercenadas. Desde hace tiempo se repiten incasablemente verdades incompletas y se ignora deliberadamente el accionar del terrorismo subversivo anterior al 24 de marzo de 1976.

El golpe de Estado, y la brutal represión y el terrorismo de Estado que hoy debemos repudiar, se desarrolla en gran medida como respuesta al accionar terrorista de las distintas facciones peronistas en lucha desde el mismo inicio del gobierno de los 70.

Memoria

Siempre hubo vínculos entre el poder y la memoria y cuando el poder modela la memoria esta reviste una cualidad diferente a la práctica de la justicia.

En este sentido debemos entender que hay «marcos sociales» que modelan las memorias. Fue el psicólogo Maurice Halbwachs, quien fundara el concepto de memoria colectiva, quien explicaba que “el pasado no puede ser recordado a voluntad y en su totalidad ya que su evocación implica procesos de selección a partir de los intereses y valores del presente”.

Pero como un ejemplo vale más que un discurso, pasó a contarles una encuesta que ayuda a entender lo que me propongo explicar sobre la construcción de la “memoria colectiva” en manos del poder de turno.

En los años 1945, 1994 y 2004, el IFOP (Instituto Francés de Opinión Pública) realizó una misma encuesta. Una de las preguntas que se repitió los tres años era muy sencilla: ¿Cuál fue la nación que más contribuyó a vencer a la Alemania nazi en la Segunda Guerra Mundial?

El análisis de las respuestas a esa pregunta a lo largo de 55 años reveló como la opinión pública (la memoria colectiva) puede modificarse, aunque los hechos reales permanezcan inalterables.

En mayo de 1945, a menos de un año de la liberación de Francia y cercanos al fin de la guerra, el 57% de los encuestados le atribuía a Rusia el mérito de vencer a los nazis, el 20% a los Estados Unidos y el 12% a Inglaterra.

En 1994, pasados a 50 años de finalizada la guerra, el 49% le asignaba ese rol a EE.UU, el 25% a Rusia y el 16% a Inglaterra.

En el 2004 y ante idéntica pregunta, la memoria colectiva asignaba ese reconocimiento a EE.UU en un 58%, a Rusia un 20% y a Inglaterra un 16%. Es evidente como el relato oficial, la repetición, la propaganda, la televisión, los diarios, el cine pueden moldear la memoria colectiva.

La tentación de manipular la memoria

Resultados como estos explican las razones por las cuales “el poder” se ve tentado de manipular la memoria, de su utilización como herramienta para construir una versión de la historia que luego se reclama como legitima. Pasa entonces a ser solo potestad de la clase dominante la posibilidad de examinar y dar cuenta de los hechos del pasado. 

Algunos datos sobre la verdad verdadera en la Argentina de los 70. El 29 de mayo de 1970 un grupo de veinteañeros (Abal Medina con 23, Firmenich con 23 y Norma Arrostito), raptaba al ex presidente de facto Pedro Eugenio Aramburu. El 1ero. de junio lo ejecutaban con un tiro en el pecho y 2 dos tiros de gracia. Su cuerpo sería hallado sin vida 2 meses después del asesinato.

De esta forma hacía su aparición pública la organización peronista Montoneros, dando inicio a una espiral de violencia que sería la causa de la década más oscura que vivió Argentina hasta la actualidad.

Aunque la memoria colectiva desee mostrarlos como dirigentes de un grupo de jóvenes idealistas que soñaban la patria socialista y un mundo mejor, ya a esa altura eran jefes terroristas. Miles de jóvenes murieron por seguirlos y hoy, gracias a haber sido indultado por el presidente Carlos Menem, Firmenich, el máximo jefe montonero, hoy vive tranquilo en un pueblo de España.

Pero, para no confundirnos, dejemos de lado los actos terroristas de los años previos a la democracia y recordemos el accionar subversivo en pleno Estado de derecho.

Luego del golpe de estado que derrocó al presidente Illia el 28 de junio de 1966, tuvieron que pasar casi 7 años de gobiernos de facto para finalmente poder votar a un presidente constitucional. El domingo 11 de marzo de 1973, y después de muchos años proscripción del peronismo, el Dr. Héctor José Cámpora asumía la primera magistratura de la Nación.

En esa elección el peronismo triunfo con casi el 50% de los sufragios, la UCR logró el 21%, el partido del ex capitán de navío Francisco Manrique (quien participara del derrocamiento de Perón) obtenía el nada despreciable 15%, el PI de Oscar Alende el 7,5%, la derecha liberal de la Nueva Fuerza obtenía el 2% y la izquierda no peronista, representada por PST y el FIP, lograba apenas el 1%. En esa elección, la sumatoria de los votos de izquierda era superada por los votos en blanco. En síntesis, la enorme mayoría de la población expresaba en la elección que no aspiraba precisamente a vivir en una «patria socialista».

A poco de asumir el peronismo, los «jóvenes soñadores» volverían a aparecer en el conflicto más grave sucedido durante el gobierno de Cámpora: la Masacre de Ezeiza. Esta ocurriría el 20 de junio de 1973, a menos de 10 días de asumir su presidencia. La convocatoria a Ezeiza para recibir al general Perón en su regreso definitivo a la Argentina fue sin dudas una de las manifestaciones más masivas de la historia argentina. La temprana lucha de facciones ocurrida ese día dejaría el saldo de 370 heridos y 13 muertos y sería un claro aviso de lo que sucedería en adelante, en plena democracia. La guerra civil peronista recién comenzaba.

Ante la escalada de violencia, Perón aceleró el retiro de Cámpora. En los 5 meses que transcurrieron entre el inicio de la presidencia de Cámpora y la asunción como presidente del General Perón como presidente, el país sufrió un atentado cada dos días (bombas, secuestros, asesinatos, enfrentamientos armados entre facciones, etc.)

En las elecciones presidenciales de septiembre del 73, Perón obtiene el 62% de los votos, la UCR 22%, Manrique el 12% y la izquierda, representada por el PST, obtenía un magro 1.5%, semejante porcentaje al 1.3% que contabilizaron los votos nulos o en blanco. Se repetía en esta nueva elección presidencial el rechazo que mostraba el electorado argentino al modelo de patria socialista que reclamaban las banderas montoneras.

El 25 de septiembre del 73, los montoneros acribillaban a balazos al secretario general de la CGT, José Ignacio Rucci. Esto representaba un claro desafío al flamante presidente Perón, quien solo dos días antes de este alevoso atentado había ganado la elección presidencial con el 62% de los votos.

El Congreso comenzó a expresarse en una forma hasta entonces inusual, no sólo reconociendo la guerra sino reclamando una reacción a la agresión.

Desde el Ejecutivo se sancionaron varios decretos tendientes a morigerar el accionar guerrillero. Uno de ellos, el Nº 1545/73 proscribiendo al ERP y PRT, otro de septiembre del 73 y luego del asesinato de Rucci, se facultaba a los sindicalistas a portar armas legalmente.

López Rega, amparado por Perón, y como respuesta al asesinato de Rucci, organizó la Triple A (Alianza Anticomunista Argentina), una organización clandestina destinada a combatir ilegalmente al terrorismo de izquierda. Desde el Estado y como respuesta a la izquierda se ampara el accionar de grupos para militares relacionados con el Ejército y la policía.

Se inicia entonces una cacería de brujas contra militantes de izquierda, universitarios, sindicalistas lideres barriales, personalidades de la cultura, periodistas. El terror se había desatado mucho antes del golpe de Estado del 24 de marzo.

Amnesty Internacional dijo en algún momento tener pruebas para incriminarla en 1.500 muertes en 18 meses

Ante la escalada de violencia, Perón ordenó a los diputados de su partido que impulsaran la reforma al Código Penal en lo relativo a los hechos vinculados a la guerrilla, reforma que ya había sido aprobada por el Senado. El 22 de enero del 74 Perón daba un discurso a los diputados de la Juventud Peronista en el cual, plantaba que «a la violencia no se le puede oponer otra cosa que la violencia» y que «el que no esté de acuerdo, o no le conviene, se va».​ Como consecuencia del discurso, ocho diputados de esa agrupación renunciaron a sus bancas. Pronto Perón echaría a los Montoneros de Plaza de Mayo tratándolos de “estúpidos que gritan”. “Nuestra nación necesita paz y tranquilidad para el trabajo, porque la economía de la Nación y el trabajo argentino suponen la necesidad de la paz y de la tranquilidad. ¡Y eso lo hemos de conseguir persuadiendo, y si no, a palos!, dijo ese primero de mayo de 1974.

El accionar terrorista, fuera de izquierda o de derecha, produjo centenares de atentados en plena democracia (robos de dinero y armamentos, secuestros extorsivos, asesinatos, atentados con bombas, incendios, copamientos, enfrentamientos armados entre facciones, etc).

En plena democracia

  • En el lapso entre las presidencias de Cámpora y Perón se produjo 1 atentado terrorista cada día y medio.
  • En el propio gobierno de Perón, 1 cada 4 días.
  • En el gobierno de Isabel Martínez de Perón, 1 cada día y medio.

Por esos años, la magnitud y la metodología tan sangrienta del terrorismo subversivo sobrepasaron la capacidad de represión de las fuerzas policiales y de seguridad. La respuesta del gobierno peronista fue la instalación de un terrorismo de Estado como instrumento para dilucidar los conflictos y las discusiones políticas generando un penoso proceso de violencia.

Se había logrado el tan esperado regreso de Perón al país, el 62% de los argentinos lo habían ungido presidente y el accionar de bandas terroristas transfiguraron su gobierno y luego de su muerte llevaron al país a una escalada de violencia que desembocó en el estado terrorista que instauraron Videla, Massera y Agosti. El 24 de marzo de 1976 se instauraba la barbarie asesina en manos del terrorismo de Estado y el país ingresaba en la etapa más oscura de su historia.

La memoria, la memoria genuina, no se cultiva de manera parcial extrayendo algunos momentos aislados de ese pasado, con desconocimiento de las acciones sangrientas de las bandas subversivas que asolaron en su momento al país.

Justicia

El Estado debe ser el garante de las leyes y de la vida de todos los ciudadanos. En ese marco, el terrorismo ejercido desde el Estado no puede igualarse a la violación de los derechos humanos más fundamentales ejercida por los grupos guerrilleros que asolaron al país en plena democracia.

Aun así, no hay justicia si los muertos por los grupos guerrilleros se mantienen invisibles para los gobiernos, el Congreso y el Poder Judicial e invisibles también para la mayoría de los medios de comunicación y de los periodistas.


(+) Médico, profesor universitario.


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