El fuerte aumento en la venta de psicofármacos para dormir —6,9% más entre enero y mayo de 2025, revelado la semana pasada a partir de un informe de la Confederación Farmacéutica Argentina (COFA)— reactivó la preocupación entre especialistas en salud, porque muchos argentinos están durmiendo peor y recurren a la medicación como salida rápida.
El debate tiene su foco en las causas de ese incremento: ¿responde a un aumento de trastornos del sueño o a una mayor tendencia a la automedicación en contextos de ansiedad, incertidumbre y cansancio crónico?
Pablo López, psicólogo, especialista en sueño y director de la Unidad de Salud del Sueño de INECO, aclara que no toda dificultad para dormir es insomnio y advierte que buena parte del problema nace cuando intentamos “controlar” el sueño por nuestra cuenta.
La automedicación y sus riesgos
Entrevistado por el programa Mañana de Noticias, López afirma que los datos de COFA coinciden con lo que observa en la clínica: la curva ascendente no sorprende, pero sí preocupa el modo en que se explica.
“Uno está observando un aumento en el consumo, y la mayor preocupación vinculada con eso es el fenómeno de la automedicación”, advierte. Ese proceso suele comenzar de manera inadvertida: un medicamento que alguien tenía en casa, una receta vieja que se vuelve a usar, una noche difícil que se resuelve con “medio clonita”. Así se consolidan hábitos que, en palabras del especialista, “terminan llevando a dosis inadecuadas, desordenadas y sostenidas sin supervisión”, con riesgos de dependencia y tolerancia.
El error de cansarse para dormir
El problema, sin embargo, no empieza en la pastilla en sí, sino en la lógica de control del sueño.
López describe una escena muy común: personas que fuerzan su cuerpo a llegar agotado —con ejercicio intenso a la noche o rutinas de relajación pensadas exclusivamente para dormirse— creyendo que eso facilitará el descanso. Pero ocurre lo contrario.
Por eso explica que “estar cansado no necesariamente es igual a tener sueño” y que, en muchos casos, el cuerpo queda más activado que antes. Incluso actividades saludables como meditar pueden volverse frustrantes si se hacen con la única intención de “obligar” al sueño a venir. “Cualquier cosa que hagamos con el solo objetivo de controlar el sueño va a fallar”, resume.
Cómo distinguir el insomnio
En un país donde el 60% de la población declara tener dificultades para dormir, según el Observatorio de Psicología Social de la UBA, distinguir entre mal descanso circunstancial e insomnio clínico es fundamental.
López introduce un criterio claro que funciona como una brújula para quienes dudan: la regla del “doble 3”. Si la dificultad para dormir aparece más de tres días por semana durante más de tres meses, entonces no se trata de un malestar puntual: puede ser insomnio.
Además del tiempo, el modo en que se presenta también importa. Puede manifestarse como dificultad para conciliar el sueño, como despertares frecuentes o como ese despertar anticipado —a las 5 de la mañana, todos los días, aunque uno necesite levantarse a las 7— que no permite retomar el descanso. Y hay un tercer indicador decisivo: que el problema afecte la vida cotidiana. Cuando impacta en el rendimiento laboral, la concentración, el ánimo o las relaciones, deja de ser solo una “racha”.
Una terapia antes que una pastilla
¿Qué hacer entonces cuando se sospecha de un insomnio? López es enfático: el primer paso no es un fármaco, sino una terapia estructurada de corto plazo: la psicoterapia cognitivo-conductual para el insomnio.
Eso no debe confundirse con la higiene del sueño —apagar pantallas, evitar cenas abundantes— porque estas pautas son apenas un componente menor.
La terapia trabaja, en cambio, sobre los factores que mantienen activo el insomnio y que tienden a cronificarlo. Y tiene evidencia robusta: “A la cuarta semana los resultados de la psicoterapia y de la farmacoterapia se igualan”, señala.
El especialista aclara que esto no significa demonizar la medicación. “No es mala palabra hablar de farmacoterapia para el insomnio, sino solo en el contexto de una automedicación”, advierte.
Hay casos en los que los medicamentos son necesarios, sobre todo cuando el tratamiento psicológico no es accesible o cuando el insomnio se acompaña de otras condiciones clínicas que requieren intervención farmacológica. La clave está en que ese proceso sea puntual, prescripto y monitoreado.
Dormir en Argentina y en otros países
Mientras tanto, el contexto argentino —de alta incertidumbre económica, tensiones sociales y entornos urbanos frecuentemente ruidosos— opera como telón de fondo, aunque López detalló que el porcentaje de personas con alteraciones en el sueño son similares al promedio del mundo occidental.
Dentro de ese contexto, López invita a una interpretación más precisa sobre las dificultades para dormir, para lograr un abordaje adecuado puede que marcar la diferencia entre una preocupación pasajera y un problema crónico.
Escuchá la entrevista completa con Pablo López en Mañana de Noticias

