Uno de cada diez chicos que van a tercer grado de las escuelas argentinas no sabe leer. Sólo 2 de cada diez comprenden textos complejos. Esos resultados -entre otros igual de pesimistas- arrojaron las pruebas Aprender 2024, el programa nacional de evaluaciones que permite medir los conocimientos de los alumnos en distintos niveles del sistema de educación.
Las pruebas son una suerte de radiografía sociocultural del país, en la que los niveles socioeconómicos más altos muestran mejor desempeño que los niveles socioeconómicos bajos. Pero esta es la primera vez que muestran que existe un porcentaje de estudiantes que en tercer grado no logra leer textos simples.
La prueba identifica seis niveles de desempeño. En los dos niveles más bajos se considera que los estudiantes carecen de las competencias básicas de alfabetización. Ese es el foco más alarmante del informe: el 11,6% se ubica entre el lector incipiente y el nivel 1.

La provincia de Río Negro no estuvo ni entre las mejores ni entre las peores del país. Aquí, el 3,4% de los alumnos de tercer grado se ubicó bajo la columna de lector incipiente (analfabeto) y el 6,7 % en el Nivel 1. Sumados representan la media nacional, ese 10% que engloba a niños que no sabe o prácticamente no saben leer.

Los datos exhibidos esta semana por el Observatorio Argentinos por la Educación muestran que los mejores desempeños se registraron en Formosa, donde un 63,6% alcanzó el grado de alfabetización esperado (nivel cuatro y cinco), seguidos por Córdoba (58,8%) y la ciudad de Buenos Aires (55,5%). En el otro extremo están Chaco (16,6%), Santa Fe (15,9%) y Misiones (15,2%), que registran el mayor porcentaje de estudiantes en los niveles incipiente y Nivel 1.
La palabra de una especialista en educación
Con los resultados de estas pruebas y la experiencia de ser educadora, la psicopedagoga y presidenta de la Asociación Civil Educación para Todos, Irene Kit evaluó los resultados en una entrevista con el programa Mañana de Noticias.
«Estos resultados quieren decir hay casi un 11 % de alumnos que no puede enfrentar un texto y sacar alguna información de él. Y hay otro 20%, el que está en el nivel 2, que puede pronunciar en voz alta lo que lee pero, aunque se trate de textos simples, cortos y con información evidente, no puede contestar preguntas que vayan más allá. La escuela no está solo para enseñar a leer y escribir, pero si no enseña, para que está», cuestionó.
Para explicar el modo en el que se hace la evaluación, la especialista puso como ejemplo la lectura de la fábula de la liebre y la tortuga,. «Con el texto adelante y sin necesidad de memorizarlo, se les hacen varias preguntas. Por ejemplo, quiénes son los personajes principales: liebre y tortuga aparece repetido muchas veces, así que a esa se lo llama lectura literal. Después, se evalúa la comprensión y se les pregunta cómo era la liebre, o la tortuga. Y luego, se pregunta sobre el sentido de la moraleja. Al terminar tercer grado, según los planes, un alumno de tercer grado debería poder hacer estos tres niveles de lectura. ¿Por qué esto es clave? Porque permite aprender», contó.
«Los resultados demuestran que tres de cada diez están teniendo dificultades para pasar al nivel 2, que es el de leer para aprender. Quiere decir que el 30% de los estudiantes que hoy ya están cursando su cuarto grado tienen enormes dificultades. Y no solo en el área de lengua, sino en ciencias sociales y naturales. Y esto ocurre con Matemáticas porque para resolver problemas hay que entender enunciados. Ese déficit va a impactar en todo el resultado escolar”, agregó Kit.
Más tiempo dedicado a lengua
Kit señaló algunas causas de estos “resultados mediocres”. Sostuvo que una de ellas es el tiempo que efectivamente se dedica a la enseñanza inicial de la lectura y la escritura.
“Hoy, en la mayor parte de las currículas, entre el 20% y el 25% del tiempo escolar está dedicado a lengua y otro tanto a matemática. Luego tienen plástica, inglés, educación física, informática. Es un poco injusto evaluar a los estudiantes sobre el dominio de la palabra escrita si eso ocupa el 20% del tiempo. Si como sistema queremos dar el mensaje de que esto es importante, la importancia real que le estoy dando es el 20% del tiempo. Estoy convencida de que en primer y segundo grado deberían tener por lo menos el 40% del tiempo de clase destinado a la enseñanza inicial de la lectura, la palabra escrita, y otro 40% a matemática. En los colegios de jornada simple, serían por lo menos ocho horas por semana para lengua y ocho para matemática”.
Cómo son las pruebas Aprender
La iniciativa se aplica desde 2016 y se realiza todos los años de manera intercalada entre el nivel primario y el secundario. Las áreas evaluadas son Matemática y Lengua, pero también se incluyen preguntas referidas al contexto socioeconómico de los estudiantes.
Según el esquema, la prueba Aprender se toma todos los años. En los años pares se evalúa a los estudiantes del último año de secundaria; en los impares, a los de 6° grado. La edición anterior de la evaluación de secundaria se había aplicado en 2022.
En 2016, además de los grados evaluados regularmente, se agregó una prueba en 3° grado de primaria en Lengua y Matemática. Y también a estudiantes de 2°/3° año de secundaria. En 2024, se retomó esa evaluación, esta vez enfocada exclusivamente en Lectura. La muestra abarcó a 91.042 alumnos de 4.178 escuelas. La tasa de participación fue de 97,4% para las escuelas y de 86,9% para los estudiantes.
Escuchá la entrevista completa a Irene Kit en Mañana de Noticias.
