ÚLTIMAS NOTICIAS:

El cuadro que volvió del silencio: una obra robada por los nazis reaparece en Mar del Plata

Durante más de ocho décadas, “Retrato de una dama” permaneció oculto. Pintado en el siglo XVIII y saqueado por el régimen nazi, fue hallado en el living de una casa deMar del Plata gracias a una foto publicada en un portal inmobiliario. El caso involucra a la familia Kadgien, descendientes de un colaborador del Tercer Reich, y reactiva el reclamo por las obras expoliadas durante el genocidio.

Pintada por Giuseppe Ghislandi en el siglo XVIII, sustraída por los nazis en 1940 a la colección del marchante judío Jacques Goudstikker, el cuadro atravesó guerras, exilios y mudanzas, hasta quedar colgado —como si nada— en el living de una casa de clase media en Mar del Plata.

El hallazgo fue tan insólito como revelador: una inmobiliaria publicó fotos de una propiedad en venta en el barrio Parque Luro. Entre cortinas y sillones, un periodista del diario neerlandés Algemeen Dagblad reconoció la pintura desaparecida desde la ocupación nazi. La imagen cruzó el Atlántico y activó una investigación internacional que involucró a Interpol, la Aduana argentina y la Asociación para la Investigación de Crímenes contra el Arte.

El Monje, la herencia y el malentendido

La casa pertenecía a Patricia Kadgien, hija de Friedrich Kadgien, financista del Tercer Reich y colaborador de Hermann Göring, que se radicó en Argentina tras la guerra. El cuadro, conocido por la familia como “el monje”, decoró su sala durante más de tres décadas. La venta de la propiedad y el descuido de la inmobiliaria revelaron el secreto que la familia había mantenido —consciente o no— durante generaciones.

Tras el allanamiento, Patricia Kadgien y su esposo fueron puestos bajo arresto domiciliario por entorpecer la causa. La obra fue entregada a la Justicia Federal y quedó bajo resguardo de la Corte Suprema, mientras se define su restitución. El FBI confirmó el reclamo de los herederos de Goudstikker, quienes desde hace décadas rastrean las más de mil obras saqueadas a su familia.

Patricia Kadgien declaró ante la justicia que el cuadro formaba parte del reparto sucesorio realizado en los años ochenta, junto con otros bienes. “Siempre supe que el cuadro era de mi padre; siempre estuvo colgado y exhibido en forma pública en el living”, dijo ante la Justicia. Luego lo trasladó a un campo en General Alvarado, donde vivió nueve años, y finalmente a Mar del Plata. En su relato, el cuadro estuvo siempre a la vista. Lo llamaban “El Monje”, por las prendas que vestía el retratado.

Kadgien afirmó desconocer que la obra figurara en el listado de piezas robadas por el régimen nazi, publicado por la Agencia Patrimonial de los Países Bajos. Cuando recibió mensajes de Peter Schouten, periodista del diario neerlandés AD, creyó estar frente a una estafa virtual. “Dejé de atender números desconocidos”, declaró la mujer. Y según dijo, esa situación la llevó a retirar la casa de la venta y a sacar todos los bienes de valor, entre ellos el cuadro.

El saqueo sistemático: cuando el arte fue botín del genocidio

Entre 1933 y 1945, el régimen nazi llevó adelante uno de los mayores expolios culturales de la historia moderna. Se calcula que más de 600.000 obras de arte fueron robadas en Europa, muchas de ellas pertenecientes a coleccionistas judíos perseguidos por razones raciales, religiosas o políticas. Pinturas, esculturas, tapices, bibliotecas enteras y objetos litúrgicos fueron confiscados, vendidos bajo coerción o directamente requisados por las SS y por funcionarios como Hermann Göring. Todos ellos formaron colecciones privadas con piezas saqueadas.

El caso del marchante Jacques Goudstikker, cuya colección incluía el cuadro hallado en Mar del Plata, es uno de los más emblemáticos. Goudstikker tenía un pequeño cuaderno negro en el que catalogaba su inventario de unas 1400 obras de arte. Se lo llevó consigo cuando huyó de los Países Bajos ocupados por los nazis en 1940 con su esposa y su hijo en un buque de carga con destino a Inglaterra.

Goudstikker murió en un accidente en el barco. Pero su viuda guardó el cuaderno, que desde entonces ha servido como prueba clave en una batalla legal para recuperar las obras de arte que fueron sustraídas a su familia.

Desde los juicios de Núremberg, el expolio artístico fue considerado crimen de guerra. Además, distintos tratados internacionales —como el Convenio de La Haya, la Convención de la UNESCO y los Principios de Washington— establecieron mecanismos para la restitución de bienes culturales robados.

La aparición de Retrato de una dama en una casa de Mar del Plata no es solo un hallazgo insólito. Es parte de una historia mayor, donde el arte se convierte en testimonio, en herida y en deuda pendiente.

El regreso de lo robado

La obra fue entregada a la Justicia Federal y quedó bajo resguardo de la Corte Suprema, mientras se define su restitución. El FBI confirmó el reclamo de los herederos de Goudstikker, quienes desde hace décadas rastrean las más de mil obras saqueadas a su familia.
En 2006, los Países Bajos devolvieron 202 piezas a sus descendientes. En 2021, Francia restituyó 15 obras a familias judías, entre ellas una de Camille Pissarro que había estado en el Museo de Orsay. Alemania, por su parte, mantiene activa la base de datos Lost Art, que cataloga miles de piezas robadas.

Pero “Retrato de una dama” tiene algo distinto. No fue hallado en una bóveda ni en una subasta, sino en una casa común, entre veladores y visitas. Su aparición no solo reactiva el reclamo por los bienes expoliados, sino que revela cómo el pasado se filtra en lo cotidiano.

Ahora, Retrato de dama quedó a disposición de la Corte Suprema de la Nación. Una heredera de Goudstikker ya dio señales de formalizar el reclamo de restitución de la obra. Mientras tanto, será sometido a peritajes para determinar su autenticidad. Y está abierta una propuesta para que su lugar de guarda, sin exhibición al menos mientras se mantenga esta disputa judicial, sea el Museo del Holocausto, en Buenos Aires.

Podría interesarte

Scroll al inicio
Buscar