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Exposición infantil en redes: la importancia de dar el ejemplo

Sebastián Bortnik, experto en tecnología y autor de "Guía para la crianza en un mundo digital" explica los riesgos del "shatering" y la contradicción entre lo que dicen y hacen los adultos,

La vida y los recuerdos familiares, las de los niños, se cuentan en imágenes. Las fotos del primer cumpleaños, las del primer mes, las de las vacaciones y las del primer día de clases, las fiestas. Todo queda registrado, subido a las redes sociales, a la espera del like, el emoji, el comentario.

Según un estudio de Parent Zone, la mayoría de los menores tienen más de 1000 fotos publicadas en redes sociales antes de los cinco años. La práctica se llama sharenting, un término que surge de la combinación de sharing (compartir) y parenting (crianza). La primera alarma, la más importante, es la posibilidad de que esas imágenes sean usadas por pedófilos. Pero no es la única.

Sebastián Bortnik, experto en tecnología y autor de «Guía para la crianza en un mundo digital», propone preguntarse por las consecuencias éticas, pedagógicas y emocionales de esa exposición. Pero sobre todo, sugiere preguntarse por el modelo que ofrecemos como adultos.

“Los primeros seis años de vida de un niño están completamente digitalizados por sus padres. Les sacan fotos, las publican, los muestran. Y después, cuando llegan a la adolescencia, les dicen que no estén todo el día con el celular. ¿Cómo se supone que van a entender esa contradicción?”, dice en una entrevista con el programa Mañana de Noticias.

La incoherencia como punto de partida


Bortnik no se limita a señalar el problema, sino que lo enmarca en una lógica de crianza que muchas veces se contradice. “Hay dos problemas con el sharenting, por fuera del peligro de la pedofilia. El primero es el mensaje que les dejamos a esos chicos cuando crecen de cuán importante es exponerte en las redes sociales”, dice.

“Noto una enorme disparidad entre ir a dar charlas a jardines de infantes e ir a dar charlas a colegios secundarios. En los jardines de infantes, los padres se enojan cuando yo hablo de las restricciones. Me plantean que los chicos necesitan YouTube, que es muy difícil sin tecnología, que las cosas no son para tanto. Pero, cuando voy a dar una charla sobre la misma temática a un colegio secundario, lo que escucho son las quejas de los padres diciendo: mi hijo está todo el día en las redes sociales, está todo el día con el celular”.

En esa contradicción, dice Bortnik está el riesgo. Y lo transforma en una pregunta inquietante: “Si yo hice un show de su vida cuando tenía 2 años, ¿por qué le voy a pedir que no haga un show de su vida cuando tenga 15? ¿Por qué le voy a pedir a una hija que no suba sus fotos a OnlyFans?”

“Me pone mal pensar que hay chicas a los 15 años exponiéndose y ganando plata en OnlyFans. Me pone mal pensar que hay pibes a los 15 años pasados de ludopatías o cayendo en sistemas ponzi para ganar guita. Pero me pone peor la hipocresía adulta: seteamos todo el ecosistema de valores para que eso ocurra en la adolescencia, pero cuando ocurre en la adolescencia nos espantamos”, dice.

El segundo problema que plantea Bortnik con respecto al shatering es la doble vara. “La práctica requiere que miremos la vida a través de la pantalla. Para poder subir fotos y videos de mi hijo, tengo que sacar y grabar fotos y videos. Esto significa que voy a estar compartiendo mucho tiempo con mi hijo en donde la pantalla, el dispositivo electrónico, va a estar mediando. Yo no quiero que la imagen que mi hijo tenga de mí sea con un celular en la mano. Porque de nuevo, cuando sea adolescente y tenga todo el día el celular en la mano, voy a querer que no lo tenga. Hay una hipocresía inconsciente”, dice.

Cómo salir del problema


Para Bortnik hay tres etapas fundamentales para encarar la relación con el celular, sobre todo si hay un uso excesivo, si el dispositivo invade las conversaciones, las relaciones, la vida en general. Los tres pasos son: conciencia, información y acción.

“La primera se suele subestimar”, dice y pone como ejemplo las miles de dietas que sugieren comer menos azúcar, que nos parecen interesantes pero que no ponemos en práctica. “Sin el primer paso, que es la plena conciencia de que este es un problema que me afecta y que yo quiero mejorar, no puedo pasar al segundo, que es informarme, y al tercero, que es la acción”, define.

“Y en la acción, hay un detalle que no es menor, y es entender que no se puede separar esto de un problema de los chicos y un problema de los adultos: la ansiedad”. Birtnik subraya que no es sólo un problema de los chicos nacidos después de 2005, sino de la sociedad. “Estamos viviendo una crisis de bienestar y salud mental atroz en la adolescencia, pero esa crisis es hija de la crisis que estamos viviendo en la adultez. Sigo pensando que el verdadero cambio en la niñez y en la adolescencia empieza por repensar nuestros hábitos adultos”.

El celular, siempre


Para casi todos, la relación con el celular es compleja. El celular, a esta altura, sirve para todo: para pagar, para recibir mensajes, para fotografiar, quizás incluso para hablar. Parece difícil pensar incluso unas vacaciones sin el celular. “En tanto y en cuanto se use el WhatsApp para el trabajo, una realidad que atraviesa el 90% de la gente en Latinoamérica, es difícil. En otras partes del mundo no es así. Lo que pasa con el WhatsApp es muy regional. En Estados Unidos no mandás un Whatsapp por trabajo. Mandan mail. Tienen muy separado ese tema. Acá se armó un hábito que es peligroso”, dice.

Escuchá la entrevista completa a Sebastián Bortnik

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