La escena parece salida de una ironía que solo la política argentina puede ofrecer. Mientras los productores de los Valles de Río Negro miraban con angustia cómo la tormenta de agua y granizo destruía en minutos el esfuerzo de todo un año, la flamante senadora electa Lorena Villaverde compartía en redes sociales un video desde el parque de su confortable hogar, celebrando “lo hermoso que es ver caer las piedras sobre la región”. Lo que para algunos puede parecer un gesto trivial o una simple torpeza comunicacional, en realidad encierra un conjunto de actitudes que no pueden ni deben pasar inadvertidas: ignorancia, falta de empatía e impunidad.
Ignorancia, porque resulta evidente que la senadora electa desconoce —o elige ignorar— la magnitud del daño que una tormenta de granizo representa para la economía regional. Los Valles de Río Negro no son un paisaje bucólico ni un mero atractivo turístico: son el corazón productivo de la provincia, sostén de miles de familias que dependen de la fruticultura, la horticultura y otras actividades agroindustriales. Cada piedra que cae sobre una chacra no es un espectáculo natural; es un golpe al sustento de productores que invierten, arriesgan y trabajan durante once meses para ver cómo, en cuestión de minutos, el esfuerzo se pierde. No hay romanticismo en la tragedia. Lo que Villaverde mostró no fue una apreciación estética, sino una desconexión alarmante con la realidad de la provincia que dice representar.

