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La paradoja previsional de Río Negro: menos aportantes por jubilación y haberes más altos que Neuquén

A partir de los últimos datos del sistema previsional argentino, Literal analizó la relación entre aportantes y beneficiarios y la evolución de las jubilaciones y pensiones en la región.
En Río Negro, hay más de 120 mil de beneficiarios del SIPA.

Mientras Neuquén registra 2,4 aportantes por cada jubilación o pensión del régimen nacional, en Río Negro la relación cae a apenas 1,5. La brecha es marcada. Sin embargo, aparece un dato en apariencia contradictorio: los haberes promedio de los rionegrinos están por encima de los de la provincia vecina e incluso del promedio nacional.

Estos datos, extraídos del Boletín Estadístico de la Seguridad Social de la Nación, no solo exponen diferencias a uno y otro lado de los ríos. También abren un interrogante de fondo sobre la sostenibilidad del sistema y su proyección en el tiempo.

En esta nota de Literal se analizan los principales indicadores del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA) en la Patagonia Norte, con foco en la relación entre aportantes y beneficiarios, y en la evolución de las jubilaciones y pensiones en la región.

Los números de cada distrito

Neuquén, impulsada por el desarrollo de Vaca Muerta y con una de las dinámicas más sostenidas de generación de empleo del país, registraba a septiembre de 2025 un total de 190.176 aportantes al SIPA. La cifra incluye a trabajadores en relación de dependencia, autónomos, monotributistas y personal de casas particulares que derivan sus aportes a la Anses.

Sin embargo, ese número no refleja la totalidad del universo contributivo neuquino. La provincia cuenta con una caja previsional propia, a la que se suma un conjunto de 160.827 trabajadores en relación de dependencia, unos 15 mil profesionales independientes afiliados y cerca de 4,7 mil aportantes correspondientes a los regímenes de fuerzas de seguridad. En conjunto, entre las cajas nacionales y la provincial, Neuquén alcanza unos 370.958 aportantes.

Río Negro, en cambio, tiene su sistema previsional transferido a la Nación. A septiembre de 2025, contabilizaba 218.665 aportantes directos al SIPA. Pero si se suman los profesionales independientes y los integrantes de los regímenes de fuerzas de seguridad, el total de contribuyentes asciende a 227.538.

La ausencia de una caja previsional propia implica que Río Negro concentre a sus trabajadores estatales dentro del sistema nacional, lo que en términos nominales le permite superar a Neuquén en cantidad de aportantes al SIPA, con una diferencia cercana a los 28 mil trabajadores.

La relación entre aportantes y beneficios

Más allá de las diferencias en los esquemas de administración previsional, la relación entre aportantes y beneficios dibuja un escenario menos favorable para Río Negro.

En Neuquén, a diciembre de 2025, se registraban 70.222 jubilados y pensionados del sistema nacional, con un total de 78.584 beneficios —lo que da cuenta de casos en los que una misma persona percibe más de uno—. Al cruzar estos datos con la cantidad de aportantes, la relación se ubica en 2,44: más de dos trabajadores por cada prestación.

En Río Negro, en cambio, esa proporción cae a 1,5 aportantes por beneficio. Para tomar dimensión, la provincia contabilizaba 121.206 beneficiarios del SIPA a finales del año pasado y 140.893 beneficios otorgados, lo que refleja una mayor presión relativa sobre el sistema.

¿Quién sostiene el sistema?

El número de aportantes en cada provincia muestra, en términos generales, una trayectoria sostenida a lo largo de los años. Sin embargo, el caso neuquino presenta algunos matices. Tras el impacto de la pandemia en 2020, cuando se produjo una caída significativa, la cantidad de trabajadores en relación de dependencia que aportan a la Anses retomó una senda de crecimiento marcada. Esa recuperación se extendió con fuerza hasta 2023, aunque desde entonces comienza a insinuarse un amesetamiento.

En números, el contraste es claro: de los 124.036 trabajadores formales registrados antes de la pandemia, se pasó a 106.656 en 2020. Tres años más tarde, el total había escalado a 142.983. A partir de ese punto, el crecimiento perdió dinamismo, aunque se mantuvo en terreno positivo. Para mayo de 2025 —último dato disponible— se contabilizaban 149.509 trabajadores en relación de dependencia.

Río Negro, por su parte, tuvo un comportamiento distinto. La caída durante la pandemia no fue tan abrupta, pero tampoco la recuperación mostró la misma velocidad. De hecho, el número de aportantes en relación de dependencia dejó de expandirse en 2023 y, en los dos últimos años, comenzó a retroceder. Esta tendencia introduce una presión adicional sobre el régimen previsional.

En términos concretos, mientras en diciembre se registraban unos 175.185 aportantes, para mayo de 2025 la cifra había descendido a 167.021. Estos datos dialogan con los informes del SIPA sobre la Situación y Evolución del Trabajo Registrado, que recientemente fueron presentados por el Gobierno rionegrino en clave positiva. Sin embargo, la evolución del número de aportantes sugiere un escenario más matizado, donde el crecimiento del empleo registrado no termina de consolidarse.

La evolución de las jubilaciones y pensiones la última década

Por el contrario, el número de jubilaciones y pensiones mostró una tendencia claramente ascendente. En Río Negro, los datos de la última década reflejan que se pasó de unos 88 mil beneficios hacia fines de 2012 a más de 140 mil al cierre del año pasado. En términos porcentuales, implica un crecimiento del 59% en trece años. La comparación con la evolución de los aportantes en relación de dependencia —que en el mismo período aumentaron un 13,6%— deja en evidencia un desfasaje cada vez más marcado entre quienes sostienen el sistema y quienes perciben prestaciones.

En Neuquén, el patrón es similar, aunque con una dinámica algo más equilibrada. Allí, el número de beneficios creció incluso a un ritmo mayor: un 73% entre 2012 y 2025, al pasar de poco más de 45 mil a unos 78.500. Sin embargo, ese incremento convive con una expansión también significativa de los trabajadores en relación de dependencia, que en el mismo lapso aumentaron un 58%. La brecha entre ambas variables, si bien existe, resulta menos pronunciada que en Río Negro.

Aun así, el dato de fondo se mantiene: en ambas provincias, la cantidad de beneficios crece por encima —o muy por encima— de la base de aportantes, lo que tensiona la sostenibilidad del sistema previsional en el mediano plazo.

El promedio de los haberes

A este panorama se suma otra variable clave: el nivel de haberes que perciben los beneficiarios en cada jurisdicción. Según los datos del SIPA, Río Negro se ubicaba hacia fines del año pasado entre las provincias con mejores remuneraciones promedio, con un haber de $1.003.154.

Sin embargo, se trata de un balance que oculta fuertes disparidades al interior del sistema. Por ejemplo, un jubilado rionegrino que accedió al beneficio sin moratoria percibe en promedio alrededor de $1,57 millones brutos, mientras que quienes lo hicieron a través de una moratoria reciben cerca de $594.253. En el caso de las pensiones, los montos también son considerablemente más bajos: rondan los $675.245 para varones y los $758.712 para mujeres.

Incluso aparecen situaciones particulares en los registros: en Río Negro se contabilizan dos beneficiarios identificados con género X, con un haber jubilatorio promedio de $2.213.965.

En Neuquén, por su parte, pese a contar con una mejor relación entre aportantes y beneficiarios, los haberes promedio son más bajos. Se ubican en torno a los $833.976, y también evidencian brechas de género: mientras que los varones perciben en promedio $1.112.038, en el caso de las mujeres el monto desciende a aproximadamente $665.373.

Fuente: SIPA

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