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Opinión externa

La reforma laboral que necesitamos para volver a crear trabajo

En Argentina, la reasignación de tareas se ha transformado en una invitación al litigio.

Argentina está ante una de las decisiones estructurales más importantes de su historia reciente. La reforma laboral no es un capítulo accesorio dentro de un paquete económico: es el punto de partida para que 10 millones de trabajadores que hoy viven en la informalidad vuelvan a tener derechos, para que las pymes puedan volver a contratar y para que el sistema previsional deje de ser una ficción contable sostenida solo con más impuestos que encarecen el costo de vida general.

Debatir este tema exige claridad, honestidad y menos consignas. La desinformación ha convertido la discusión laboral en un campo minado donde reina más el prejuicio que el dato. Explicar los cambios de manera sencilla es una obligación democrática.

La retroactividad

Un aspecto que no contribuye es la controversia planteada por la CGT en torno a una supuesta retroactividad de la reforma laboral revela más una estrategia defensiva que un conflicto jurídico real. Confundir deliberadamente la retroactividad, prohibida por el ordenamiento constitucional, con la aplicación inmediata de nuevas reglas hacia el futuro sobre relaciones laborales en curso es un recurso discursivo clásico para generar alarma y descontento social.

Ninguna reforma seria puede afectar derechos adquiridos; lo que sí está en discusión es la pérdida de control corporativo sobre un sistema laboral rígido, litigioso y funcional a intereses sindicales antes que al empleo formal. El debate, en definitiva, no es sobre el pasado, sino sobre quién define las reglas del trabajo en el futuro.

El trabajo y los derechos

Argentina se convirtió en un país donde trabajar no garantiza derechos, los números hablan solos:

– 6,2 millones de trabajadores privados formales.

– 3 millones de empleados públicos.

– 2 millones de monotributistas.

– Más de 10 millones de personas que trabajan sin registración ni protección real.

Esto significa que la mitad del país vive sin obra social, sin aportes jubilatorios, sin ART, sin vacaciones pagas y sin aguinaldo. La informalidad castiga a los trabajadores y erosiona el sistema previsional. La precarización laboral esta vigente en nuestro país y solo una reforma consciente puede revertirla, no para los que están dentro del sistema, sino para el otro 50%.

La reforma laboral no puede ser un castigo

Un aspecto a considerar dentro de la reforma laboral para que sea efectiva, quizá menos debatido, es que la formalización del empleo vigente no registrado no puede ser un castigo ni un laberinto burocrático, tampoco debe traer consecuencias futuras, debe ser un proceso simple y económicamente viable.

Quiero introducirme en cuatro los puntos que considero relevantes dentro del proyecto más allá de la importancia de toda la reforma:

El salario dinámico: cuando la estabilidad reemplaza a la inflación

Argentina está dejando atrás un régimen de inflación crónica. Ese cambio obliga a repensar cómo se discuten los salarios ya lejos de los ajustes por perdida de poder adquisitivo, la discusión sobre cualquier tipo de mejora salarial pasa por otros factores utilizados en economías pujantes y que en nuestro país han quedado en el olvido.

El proyecto incorpora el concepto de salario dinámico, que permite que una parte del ingreso dependa de productividad, presentismo, capacitación o desempeño real.

Ejemplo: una empresa de turismo en Bariloche puede premiar a quienes dominan un idioma adicional, mantienen altas valoraciones de clientes o completan cursos de primeros auxilios.

El salario dinámico mantiene derechos: básico, antigüedad, aportes. Y permite que el esfuerzo individual vuelva a tener reconocimiento, dignificar el mérito.

Ius variandi: cuando la judicialización bloquea la productividad

En Argentina, la reasignación de tareas se ha transformado en una invitación al litigio. Cualquier modificación puede considerarse un abuso, aun si es una reorganización mínima y temporal.

Ejemplo: una empresa frutícola reasigna temporalmente a un empleado del empaque al sector de recepción. En cualquier país sería lógico; acá puede terminar en juicio por “alteración de tareas”.

Regular el ius variandi permite ajustes razonables sin convertir cada reorganización en un conflicto judicial.

Banco de horas: flexibilidad que ya existe y que las regiones necesitan

El banco de horas funciona hace años en minería y petróleo. Permite organizar la jornada en función de picos reales de actividad, siempre respetando descansos.

La intencionalidad lleva a que se lo presente como un mecanismo para eliminar las horas extras y hacer trabajar más de ocho horas diarias por un mismo valor, omitiendo aclarar que el esquema no habilita superar la carga horaria semanal prevista por la ley.

Ejemplo para la región: en gastronomía, comercio o turismo, la actividad se concentra entre jueves y domingo. Con un banco de horas, el trabajador realiza jornadas largas en días de mayor demanda y descansa luego varios días corridos.

Esto reduce la informalidad y otorga previsibilidad sin precarizar.

Negociación colectiva: cuando el AMBA define la vida laboral del interior

La negociación centralizada impone convenios nacionales a pymes regionales con realidades distintas. Esto destruye empleo formal sin mejorar derechos.

Por el contrario la negociación colectiva por región o por empresa suele ser presentada como un amenaza a los derechos laborales cuando en realidad cuestiona un esquema centralizado que ignora la heterogeneidad productiva del país

Pretender que una misma paritaria rija por igual para actividades, escalas y realidades económicas totalmente distintas, termina expulsando empleo formal en economías pequeñas y medianas regionales e incluso termina postergando el desarrollo regional.

La negociación más cercana al lugar de trabajo no elimina derechos, sino que permite adaptar las condiciones salariales y laborales a la productividad real de cada sector o empresa, reduciendo la informalidad

Ejemplo: una pyme agroindustrial rionegrina debe aplicar el mismo convenio que una empresa del conurbano, pese a tener ingresos y estacionalidad totalmente diferentes.

Sin reforma laboral, a dónde vamos

Seguir con el modelo actual es garantizar menos empleo, menos competitividad, más informalidad y más pobreza.

Una modernización laboral seria es la única vía para construir un mercado laboral moderno, inclusivo y vivo, que premie el trabajo, respete al trabajador, permita que la Argentina vuelva a producir y que cuente con recursos genuinos para financiar las jubilaciones.


(*) Contador público.

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