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Nora Dalmasso: la serie de Netflix que pone la lupa sobre la Justicia y los medios

"Las mil muertes de Nora Dalmasso", de Netflix, es un espejo incómodo. Por primera vez hablan sus hijos.

El caso de Nora Dalmasso no es solo una tragedia sin justicia: es también una lupa puesta sobre la justicia y el ejercicio del periodismo.

A casi dos décadas del femicidio que sacudió a la ciudad de Río Cuarto y al país entero, Netflix estrenó “Las mil muertes de Nora Dalmasso”, una docuserie de tres episodios que reconstruye uno de los casos más resonantes y controversiales de la historia reciente argentina.

Dirigida por Jamie Crawford y producida por Pulse Films, la serie se propone ir más allá del expediente judicial para explorar las múltiples capas de violencia —física, simbólica y mediática— que rodearon a la víctima.

Pero además, la serie le da voz por primera vez a los familiares de Nora, el viudo, pero sobre todo los hijos, Valentina y Facundo, que prácticamente no hablaron mientras duró la causa.

Facundo Macarrón.

Un crimen sin resolver

La noche del 26 de noviembre de 2006, Nora Dalmasso, empresaria y madre de dos hijos, fue hallada muerta en su casa del exclusivo barrio Villa Golf. Estaba desnuda, estrangulada con el cinturón de una bata, en el dormitorio de su hija. Su esposo, el médico traumatólogo Marcelo Macarrón, se encontraba en un torneo de golf en Punta del Este, Uruguay; su hija, de 16 años, estaba de intercambio en EE.UU. y su hijo, de 20, en Córdoba capital, donde estudiaba.

Nora Dalmasso. Valentina Macarrón in Nora Dalmasso. Cr. Courtesy of Netflix ©2025

Desde el inicio, la investigación estuvo plagada de errores: la escena del crimen fue contaminada, se perdieron pruebas clave y se filtraron detalles íntimos a la prensa. La hipótesis de un juego sexual accidental fue descartada, pero el morbo ya había hecho su trabajo. No era más que el comienzo.

Una familia bajo sospecha

La docuserie -tres capítulos que alternan el material de archivo con entrevistas-, incluye testimonios de los hijos de Nora, Facundo y Valentina, y del propio Macarrón, quien fue imputado como autor intelectual del crimen y finalmente absuelto en 2022. También aparecen periodistas, peritos forenses y figuras del entorno social de la familia, como Guillermo Albarracín, amigo del matrimonio que admitió haber tenido una relación con Nora, y Rafael Magnasco, exfuncionario provincial señalado como sospechoso.

Durante al menos 15 años, los más señalados, por la justicia y la prensa, fueron los familiares. “No lo vimos llorar”, decían sobre el viudo. “La familia no mostraba señales de duelo”, dice uno de los periodistas. “Facundo Macarrón seguía su carrera en la UCA. No faltó a ninguna mesa de exámenes”, denuncia otro. Nadie sabía lo que ocurría puertas adentro de la casa. Pero todos hablaban. Río Cuarto no es un pueblo chico, pero quedó envuelta en un infierno grande.

En 2024, una nueva pista reactivó la causa: una muestra de ADN hallada en el lazo de la bata con la que fue asesinada coincidió con Roberto Barzola. Barzola era un trabajador que había hecho arreglos en el piso de la casa días antes del crimen. Barzola estuvo en el expediente desde el primer momento. Sin embargo, el caso sigue sin resolución judicial.

El juicio mediático

Desde el primer momento, el caso Dalmasso fue absorbido por una maquinaria mediática insaciable. La escena del crimen, los vínculos familiares, los rumores sobre la vida privada de Nora y la falta de respuestas judiciales convirtieron el asesinato en un espectáculo nacional. Gran parte de la cobertura se centró en revictimizar a Nora, especulando sobre su intimidad.

Nora Dalmasso.

Se publicaron fotos del cadáver, listas de supuestos amantes, cartas privadas de su hija adolescente y hasta perfiles psicológicos. La figura de Nora fue convertida en objeto de consumo morboso. La serie lo dice así: fue asesinada muchas veces, en su casa, en los tribunales y en las redacciones.

Entre las muchas imágenes impactantes, aparece esta: tras su llegada de Estados Unidos y recién enterada de la muerte de su madre, Valentina va al cementerio, junto a Facundo. De pie, frente a su tumba, los dos jóvenes lloran y ruegan a los periodistas que se alejen para dejarles un momento de intimidad. Eso no ocurre. Ahora, 18 años después, Valentina -que dice haber sido una persona divertida y alegre- se muestra seria, y todavía afectada, conmovida, como cuando recuerda todo loq ue oyó, a los 16 años, sobre la supuesta vida sexual de su madre.

Parte de ese morbo fue la circulación de remeras con la leyenda “Yo no estuve con Norita”, que se vendían en Río Cuarto primero y en todo el país después. La trivialización del femicidio y la burla pública queda en evidencia en las tapas de revistas, en los comentarios que se hacían en la tele, en la utilización del caso incluso para hacer humor. Por ejemplo, así: “A las amigas de Nora las dividen en TV y TN… tetas viejas y tetas nuevas”, dice un conductor y desata una carcajada general entre sus panelistas.

El señalado

Uno de los nombres que atraviesa la historia del caso es el del periodista Hernán Vaca Narvaja, director de Revista El Sur de Río Cuarto. Su cobertura lo convirtió en una figura central tanto en la reconstrucción del crimen como en los conflictos judiciales derivados.

Vaca Narvaja fue uno de los primeros en señalar públicamente a Marcelo Macarrón como posible responsable del asesinato. Pero antes de eso, fue el que puso la lupa en Facundo Macarron con una tapa que hablaba del “tabú sobre la sexualidad” de Facundo.

“A mí me hicieron salir del clóset a patadas”, cuenta el hijo de Nora en una de las escenas más conmovedoras de la docu serie. Ni Nora ni su Marcelo Macarrón sabían que Facundo era homosexual, y a partir de esa tapa no sólo se vio empujado a decirselo al padre sino que además, lo señalaron como culpable. La hipótesis de la nota era que el hijo había asesinado a su madre porque ella no aceptaba su homosexualidad. Como prueba, se mencionó la presencia de ADN del linaje Macarrón (esposo, hijo y suegro) en la escena del crimen. Como el marido estaba en Punta del Este en el momento del homicidio, el primer fiscal del caso, Javier Di Santo, decidió que debía ser el hijo.

Condenado

Las coberturas de Vaca Narvaja derivaron en una demanda civil por parte de los hijos de Nora. En 2024, la Corte Suprema de Justicia dejó firme la condena por daños y perjuicios contra Vaca Narvaja, al considerar que sus publicaciones vulneraron la intimidad y el honor de los menores de edad al momento de los hechos.

En la serie, su presencia genera controversia: mientras algunos lo ven como un periodista comprometido con la verdad, otros lo acusan de haber contribuido a la exposición innecesaria de la familia. El abogado de los Dalmasso, Gustavo Liebau, lo definió como alguien “cegado por el odio” y lo responsabilizó por haber difundido datos sensibles y calificativos injuriantes.

Hay una escena, en el tercer capítulo que es esencial: cuando declaran inocente a Macarrón, el hombre mira a Vaca Narvaja, presente en el juicio y lo insulta. Lo hace en voz baja. Parece elocuente.

Una causa errática

Durante casi dos décadas, la causa fue una sucesión de desvíos. En 2011, el caso sufrió un primer giro cuando se analizaron las muestras de ADN en el exterior. El FBI descartó la presencia de ADN de Facundo Macarrón. Entonces, el fiscal Daniel Miralles decidió imputar al viudo. La teoría era esta: había viajado en un vuelo privado desde Uruguay para asesinar a su esposa, había regresado a Pnta del Este y había jugado al golf y ganado el torneo. “Era físicamente imposible, y sin embargo se lo imputó”, señalaron sus abogados.

El siguiente fiscal, Luis Pizarro, elevó la causa a juicio bajo una nueva hipótesis: homicidio calificado por precio o recompensa. Es decir, Nora habría sido asesinada por un sicario contratado por su marido. Durante el juicio en 2022, un nuevo fiscal retiró la acusación al considerar que no había pruebas de premeditación. El consenso forense fue claro: hubo un acto sexual consentido, seguido de un homicidio impulsivo.

Finalmente, el fiscal Pablo Jávega retomó la causa desde cero. Releyó los primeros testimonios, reconstruyó las horas clave y detectó inconsistencias en la declaración de Roberto Bárzola. Su ADN, cotejado por primera vez, resultó coincidente con ocho muestras del cinturón con el que se estranguló a Nora. También había coincidencias con un vello púbico hallado en su cuerpo. Hoy, Jávega y la familia luchan por evitar que la causa prescriba, mientras tres fiscales enfrentan un pedido de juicio político por su accionar negligente.

La era del espectáculo

«Las mil muertes de Nora Dalmasso» no solo expone un crimen sin justicia. También una cobertura mediática que, en muchos -demasiados- aspectos, traspasó los límites éticos del periodismo. La serie pone bajo la lupa el rol de los medios en un contexto en el que el rating y el impacto parecían imponerse sobre la veracidad, la responsabilidad y el respeto por las personas involucradas.

Son hechos que ocurrieron hace casi veinte años, mucho antes de las redes sociales, los algoritmos, y la polarización de esta época. Y sin embargo mantienen su vigencia, o la incrementan. El caso Dalmasso es un espejo incómodo en el que se reflejan la justicia y el periodismo, un ejercicio de memoria que muestra muchas miserias.

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