La industria de las arenas silíceas se consolidó como un eslabón clave en la cadena de producción de hidrocarburos no convencionales, impulsada por una demanda creciente de las operadoras. En ese contexto, Río Negro buscó posicionarse como un proveedor estratégico de este recurso esencial para el desarrollo de Vaca Muerta, con la expectativa de captar parte del rédito económico generado por la actividad. No obstante, el avance de los estudios geológicos sobre los yacimientos en territorio neuquino, junto con la consolidación de las canteras entrerrianas en el mercado, representan obstáculos concretos para el desarrollo pleno de las arenas de Río Negro.
Arena nacional versus arena extrajera
Literal conversó con Javier Grosso, geógrafo del Observatorio de Sismicidad Inducida y docente de la Universidad Nacional del Comahue (UNCo), para analizar el panorama actual de la industria.
Grosso, junto al licenciado en Ciencias Ambientales Miguel Di Ferdinando, es autor del informe «Arenas rionegrinas para el desierto. El fracking y su desmesurada voracidad de insumos«, elaborado en colaboración con la organización ambiental FARN. El trabajo reúne antecedentes, datos técnicos y los impactos socioambientales asociados a la explotación de arena en la región, además de recorrer su breve pero intensa historia.
Según se detalla en el informe, el uso de arenas silíceas en Argentina estuvo históricamente vinculado a la construcción y la industria del vidrio. Sin embargo, a partir de 2013, con el avance del fracking en Vaca Muerta, la demanda se disparó: hoy, cada pozo requiere en promedio unas 11.000 toneladas de material.

En los primeros años de desarrollo de los no convencionales en la Cuenca Neuquina, las arenas utilizadas para las fracturas hidráulicas eran completamente importadas, principalmente desde China, Estados Unidos y Brasil. Pero el incremento sostenido en los volúmenes de extracción de gas y petróleo impulsó la búsqueda de alternativas para reducir costos, especialmente logísticos, que llegaban a representar hasta el 65% del total.
A partir de 2016 comenzaron a incorporarse arenas nacionales, primero desde Dolavon (Chubut) y luego desde canteras en Entre Ríos, cercanas al río Paraná. Aunque esto significó una baja considerable en los costos de transporte, ambas provincias se encuentran a más de 900 kilómetros de la zona de explotación. Por eso, con el crecimiento de la actividad y la necesidad de optimizar la logística, en 2017 se iniciaron estudios para identificar yacimientos más cercanos, como los localizados en territorio rionegrino.
Cómo nació la oportunidad rionegrina
“Hasta ese momento, Río Negro no estaba en el radar como una opción viable. La posibilidad de probar arena extraída en territorio rionegrino recién comienza a tomar forma entre 2019 y 2020, con las primeras exploraciones en el Bajo de Santa Rosa. Allí se instalaron las primeras canteras de YPF, donde se encontró arena con una esfericidad y resistencia relativamente aceptables”, explicó Javier Grosso.
El Bajo de Santa Rosa es una zona reconocida por sus valiosos yacimientos paleontológicos. Está ubicada cerca de las Salinas de Trapalcó y forma parte de un área natural de igual nombre que integra el municipio de Lamarque. En ese sector del centro de la provincia comenzaron las primeras extracciones de arenas silíceas, pero con el tiempo —y ante la falta de infraestructura logística adecuada— la actividad se fue desplazando hacia zonas más accesibles, especialmente en cercanías del Alto Valle.
“El Bajo de Santa Rosa ya quedó olvidado. Los camiones tenían que recorrer 150 kilómetros de tierra; era una destrucción total. Nosotros hicimos trabajo de campo en esa zona y había sectores donde el vehículo avanzaba sobre un colchón de arena suelta de 30 o 40 centímetros. Era completamente intransitable. Como tampoco había números que justificaran mejorar los caminos, se empezó a buscar arena cada vez más cerca. Ahí entró en juego la empresa Aluvional (Vista), al sur de Regina”, agregó Grosso.
También se instalaron plantas de tratamiento en la zona de la bajada de Zinelli, en la Ruta 6, a pocos kilómetros de Paso Córdoba.
Qué pone en jaque a las arenas de Río Negro
Sin embargo, el informe de Grosso y Di Ferdinando reveló que en el último año se registró un retroceso en la cantidad de nuevas solicitudes de canteras, a contramano del crecimiento sostenido de la producción en Vaca Muerta. Esta caída podría explicarse, por un lado, porque muchas de las áreas ya solicitadas aún no fueron explotadas, lo que permite a las empresas contar con reservas estratégicas. Pero también incide la caída en el uso de arenas rionegrinas, atribuida a su menor calidad.
Las arenas silíceas actúan como “agente sostén” durante la fractura hidráulica, y su dureza es vital para mantener abiertos los poros de la roca. Las de Río Negro, con menor resistencia, reducen el rendimiento de los pozos. Esto llevó que las empresas, a pesar del ahorro logístico, prefieran arenas de mayor calidad, como las de Entre Ríos.
“La arena entrerriana es la que mejor calidad y rendimiento presenta hasta ahora. Pero tiene una gran desventaja: debe ser transportada desde el sur de Santa Fe o Entre Ríos hasta Neuquén. Vaca Muerta necesita una arena cercana. Hoy, la industria está frente a una disyuntiva: usar una arena que está a 200 kilómetros pero rinde menos, o una lejana que mejora la producción. Horacio Marín, CEO de YPF, ya advirtió que el uso de arenas rionegrinas les está haciendo perder hasta un 20% de la capacidad de producción por pozo, y ese porcentaje, en los números de esta escala, es determinante”, afirmó Grosso.

Potencial neuquino
También comienza a jugar un nuevo actor en la provisión de este insumo estratégico: la propia provincia de Neuquén. En las últimas semanas, el Gobierno neuquino informó que, junto a las principales operadoras, busca consolidar la producción y comercialización de arenas silíceas en su propio territorio.
Actualmente, se están realizando estudios para analizar las propiedades físico-químicas. En tanto, la Dirección Provincial de Minería recibió 104 solicitudes orientadas a la exploración de este recurso. Entre las empresas involucradas se encuentran YPF S.A., Transportes Rada Tilly S.A., IPEG S.A., Aluvional S.A., y la estatal Cormine S.E.P., entre otras.
“Si en Neuquén se logra encontrar una calidad de arena al menos equivalente a la de Río Negro, se trataría de una verdadera arena de cercanía”, explicó el investigador. “El sustrato geológico neuquino es mucho más parecido al de Río Negro que al de Dolavon o Entre Ríos, y contar con una fuente a pocos kilómetros de los pozos sería clave para la eficiencia del fracking”, añadió.
El impacto de la extracción de arenas en Río Negro
La explotación de arenas silíceas se convirtió en un negocio estratégico para Río Negro, que busca captar parte del rédito que genera el desarrollo petrolero. “El Estado es un interesado directo y desde hace años intenta participar más activamente del complejo Vaca Muerta, porque lo está viendo pasar”, advirtió Grosso. Como ejemplo de ese giro, el investigador mencionó la autorización de pozos exploratorios en áreas no convencionales, como los bloques Cinco Saltos Norte, Confluencia Norte y Confluencia Sur. “Los resultados obtenidos en Confluencia, por parte de Phoenix, son muy similares a los del lado neuquino”, señaló.
Sin embargo, este crecimiento intensivo no está exento de impactos negativos. Entre ellos, Grosso destacó la desertificación progresiva del entorno. Imágenes comparativas, difundidas en el informe antes mencionado, muestran cómo las canteras avanzan sobre la meseta patagónica, eliminando la cobertura vegetal y las capas fértiles del suelo.

El efecto más visible —y sensible en términos sociales y políticos— es el deterioro de las rutas. El tránsito constante de camiones pesados vinculados a la actividad extractiva provoca un desgaste acelerado de la infraestructura vial.
Un ejemplo concreto lo aportó un estudio de la Secretaría de Transporte de Río Negro, realizado entre el 15 y el 21 de abril de 2024. En ese período, se registraron 7.917 vehículos circulando por la Ruta 6, a la altura de Paso Córdoba. Del total, el 48% correspondía a transporte relacionado con Vaca Muerta, y 2.561 eran camiones que transportaban arena silícea. El promedio diario fue de 366 camiones, es decir, 15 camiones por hora, o uno cada 4 minutos. El pico se dio el 18 de abril, con 590 camiones circulando en un solo día.

