En las últimas semanas, dos figuras centrales de la cultura argentina volvieron a escena, no por sus obras, sino por lo que ocurre con ellas después de su muerte. La decisión de los herederos de Quino de retirar su obra de Ediciones de la Flor, su casa histórica, y la compleja sucesión de Beatriz Sarlo, abren interrogantes sobre cómo se preservan -o se negocian- los legados culturales.
Por distintos motivos, ambos casos revelan tensiones entre el afecto, el mercado, la memoria y el deseo del autor. ¿Quién hereda una obra? ¿Cómo se equilibra la voluntad del creador con los intereses legales o comerciales? ¿Qué instituciones están preparadas para custodiar archivos, decisiones editoriales y políticas culturales?
El adiós a De la Flor
Para muchos será extraño. Desde el 1° de julio, Ediciones de la Flor -la histórica casa editorial de Quino por más de 55 años- ya no publicará a Mafalda. Para muchos, una cosa -Quino, Mafalda- era sinónimo de la otra -Ediciones de la Flor-. Una editorial es, a veces, mucho más que un sello en un libro.
La decisión fue tomada por sus sobrinos herederos luego del fallecimiento de Julieta Colombo, en 2023. Colombo era la sobrina política y albacea de Quino, a quien el autor confió la curaduría de sus derechos. Desde ahora, será Penguin Random House quien albergue las historietas más famosas de la Argentina
“Lamentamos que, por decisión de sus sobrinos herederos, no podamos continuar cuidando su obra como lo hemos hecho desde que nos eligió como su casa, hace más de medio siglo», expresaron desde el Ediciones De La Flor en un comunicado difundido el lunes en sus redes sociales.
“De la Flor va a dejar de publicarme cuando vos lo digas”, le había dicho Quino a su editora y amiga, Ana María “Kuki” Miller. “No cuestionan nuestro trabajo, pero han tomado decisiones contrarias a las que Quino defendió siempre”, lamentó Miller, responsable de De la Flor junto a Daniel Divinsky.
«De todas formas, tenemos la certeza de que la historia mantendrá indisolublemente unidos nuestros nombres, como hasta ahora”, agregaron desde la editorial creada por Divinsky en 1966 en Buenos Aires..
Al mundo entero
La multinacional Penguin Random House, por su parte, anunció que desde el 1 de agosto lanzará la reedición de la tira cómica. La obra de Quino fue publicada por primera vez en el semanario argentino Primera Plana, en 1964, y compilada en diversos formatos de libro desde 1970 por el sello De La Flor.
Penguin Random House ya se encargaba de la distribución fuera de Argentina de varios libros de Quino, por lo que la decisión de los herederos del dibujante, tuvo que ver con unificar todo el manejo de la obra. ASí, al menos lo explicó Penguin. .
Quino: el humor es pensamiento
Joaquín Salvador Lavado Tejón, más conocido como Quino, nació en Mendoza en 1932. Desde pequeño lo llamaron así para distinguirlo de su tío Joaquín, ilustrador profesional que fue el que despertó su vocación. Tras abandonar la Escuela de Bellas Artes, comenzó a publicar en revistas como Rico Tipo y El Mundo, con una mirada irónica y sensible sobre la vida cotidiana.
En 1964 creó a Mafalda, la niña lúcida, contestataria y profundamente humana que se convirtió en un ícono cultural. A través de ella y sus amigos -Felipe, Susanita, Libertad, Manolito- abordó con ternura, pero sobre todo con agudeza pícara, temas como la desigualdad, el machismo, la burocracia y la guerra.
“Todos los personajes tienen muchísimo de mí porque salieron de mi cabecita”, olía decir Quino.
Tras dejar de dibujar la tira en 1973, continuó con libros de humor gráfico como Mundo Quino o ¡Qué presente impresentable!. Fue galardonado con premios internacionales como el Príncipe de Asturias (2014) y traducido a más de 30 idiomas. Murió en 2020, dejando un legado que trasciende generaciones.
Sarlo: testamentos y una gata llamada Niní
Tras la muerte de Beatriz Sarlo en diciembre de 2024, su legado quedó envuelto en una trama judicial. El encargado del edificio, Melanio Alberto Meza López, presentó un testamento manuscrito en el que la ensayista le habría dejado su departamento y el cuidado de su gata Niní.
Eel 2 de agosto de 2024, la autora le habría escrito: “Quedás a cargo de mi departamento después de mi muerte y también quedás a cargo de mi gata Nini, que te aprecia tanto como te aprecio y valoro yo”.

En paralelo, su exmarido legal, el arquitecto Alberto Sato -de quien estaba separada desde los años 70- inició un reclamo como heredero. Un grupo de amigos y colegas respaldó esa figura con la intención de preservar su archivo en el CeDInCI y formar una fundación bajo la curaduría de la investigadora Sylvia Saítta.

El caso salió a la luz por un psoteo en redes de una periodista cultural ingklesa que dijo haber visto discos de Beatriz Sarlo en una compra venta. El posteo, que luego fue borrado, puso una sombra de duda sobre lo que estaba haciendo el encargado con los bienes de la intelectual.
La Cámara Civil revocó la exclusión de Sato y apartó al juez original, mientras se investiga la validez del testamento presentado por Meza. En el medio, aparecen manuscritos, cartas, su biblioteca y bienes personales cuya conservación es tan importante como el marco legal que los rodea.
Beatriz Sarlo: una vida entre libros, ideas y controversias
Nacida en 1942, Sarlo fue una de las intelectuales más influyentes del país. Crítica literaria, ensayista, profesora y figura pública, fundó en 1978 la revista Punto de Vista, clave para el pensamiento crítico durante la dictadura y la transición democrática.
Dictó clases en la UBA, fue profesora visitante en Columbia, Berkeley y Cambridge, y escribió obras fundamentales como Escenas de la vida posmoderna, Tiempo pasado, La pasión y la excepción y, recientemente, No entender. Memorias de una intelectual (2024), que tras este suceso judicial, ha repuntado las ventas.

