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Turismo en baja, impuestos en alza: por qué los argentinos eligen vacacionar en el exterior

El turismo argentino a Brasil creció un 96 por ciento durante el 2025.

En los últimos días, empresarios del sector turístico de Río Negro advirtieron una caída cercana al 40% del turismo nacional. El dato preocupa, pero más preocupante aún es que se siga analizando el problema como si fuera coyuntural, cuando en realidad responde a una causa estructural que se repite año tras año y que hasta hoy ocultó la alta inflación.

Río Negro, como la Argentina, se volvió caro. No porque los salarios sean tan bajos, sino porque el Estado nacional, provincial y municipal, junto a un entramado de sindicatos y aportes paraestatales, se queda con una parte desproporcionada de lo que genera cada trabajador, antes y después de cobrar su sueldo.

El impacto del costo laboral en el turismo

Antes de que el salario llegue al bolsillo, ya fue recortado por aportes personales, contribuciones patronales, cuotas sindicales obligatorias y “voluntarias”, y una serie de fondos específicos que se naturalizaron sin debate y sin decisión de quien los paga, como el aporte al INACAP. Todo esto encarece el costo laboral, reduce el salario real y debilita la competitividad del sector privado, incluido el turismo.

Luego, cuando ese salario neto ya en bolsillo se destina al consumo, vivienda, alimento, transporte o recreación, vuelve a ser castigado por IVA, Ingresos Brutos en cascada, tasas municipales encubiertas, impuestos internos y débitos y créditos bancarios, regulaciones que se trasladan directamente a los precios. El resultado es contundente: una porción cercana al 70% del esfuerzo total del trabajador termina financiando al Estado y a las estructuras que viven de ese sistema.

No es falta de patriotismo

Por eso la contradicción permanente del discurso público. Se repite que los sueldos son bajos, pero casi nunca se discute por qué el trabajo rinde tan poco en el país. Con el mismo ingreso, muchas familias descubren que vacacionar en Chile o Brasil es más barato, más previsible y, muchas veces, de mejor calidad. No es falta de patriotismo: es una decisión racional frente a un esquema que castiga producir y consumir localmente. Y como no va a ser así, si el mismo dinero rinde más en el exterior.

Lo más grave es que nadie parece dispuesto a trabajar en serio para bajar esta carga. No porque no se pueda, sino porque eso implicaría reducir recursos para “hacer política”: estructuras sobredimensionadas, cargos, intermediaciones sindicales obligatorias y múltiples niveles de gobierno que dependen de una presión fiscal cada vez más asfixiante. Gobiernos provinciales que destinan recursos obras que tranquilamente podrían financiarse por quienes las utilizan.

El empresariado turístico lo sabe, pero se queja con cuidado diría con temor a represalias. Evita señalar con claridad al principal problema: el peso de los impuestos provinciales y municipales, que lejos de acompañar al turismo, lo encarecen sin devolver mejores servicios, infraestructura o seguridad.

El turismo, un espejo incómodo

El turismo es un espejo incómodo porque compite con el mundo. No puede esconder ineficiencias ni culpar al contexto. Si Argentina es caro, los turistas se van, este año un 40% más que el anterior. Y mientras no se discuta de frente el peso real del Estado y del sistema paraestatal sobre el trabajo y el consumo, seguiremos perdiendo visitantes, actividad económica y oportunidades.

Bajar impuestos y simplificar el sistema tributario no es un eslogan ni una consigna ideológica. Es una condición básica para que el trabajo rinda, el consumo vuelva y el turismo en Río Negro y en Argentina, deje de ser un lujo para pocos.


(*) Contador Público – Ex AFIP – Ex Dirección de Rentas de Río Negro – Ex Presidente de la Comisión Arbitral (COMARB) – Especialista en Tributación.

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