El proyecto de centro comercial abierto se consolidó como uno de los ejes centrales de trabajo de la Cámara de Agricultura, Comercio e Industria de Roca (CAIC). En una reciente mesa junto a autoridades de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), la entidad recibió un primer diagnóstico formal sobre el estado de la ciudad y los aspectos a mejorar para comenzar a delinear un plan de acción.
En esta nota de Literal repasamos los principales puntos del informe elaborado por la confederación empresaria y los próximos pasos que se proyectan.
La propuesta de CAME
La idea de organizar a los comerciantes dentro de un área delimitada, bajo una planificación urbana y comercial que construya identidad propia, no es nueva. Sin embargo, recién en septiembre del año pasado se realizó la primera convocatoria abierta para discutir la iniciativa. En ese encuentro, CAME expuso experiencias de otras ciudades del país y destacó el rol de estos esquemas para jerarquizar el espacio urbano y dinamizar el comercio local.
A partir de ese puntapié, una arquitecta de la confederación recorrió Roca para relevar el estado de situación, con foco en la zona céntrica. El diagnóstico fue presentado el viernes pasado en una reunión de la que también participó la directora de Habilitación Comercial del municipio, Andrea Cornejo.
Según explicó el secretario de la CAIC, Miguel Grasso, la propuesta preliminar de CAME delimita una franja que va desde el monumento a la Manzana hasta el Canal Grande, incluyendo la avenida Roca y la calle Tucumán.

“Ella observó que la estructura de la ciudad está pensada en sentido este-oeste, con Tucumán y Mitre. Consideró que la avenida Roca no está del todo aprovechada. Con el canalito de un lado y el Canal Grande del otro, hay un cuadrante que se podría potenciar”, señaló en diálogo con Literal respecto a las observaciones efectuadas por la profesional.
Grasso destacó además que el relevamiento se realizó sin acompañamiento local, justamente para captar una mirada externa. “Al llegar a Tucumán y avenida Roca, la arquitecta no sabía hacia dónde seguía el centro: si hacia el norte o hacia el oeste. Son percepciones que tiene alguien que viene de afuera”, relató.
Fallas en el sistema comercial
En términos de infraestructura —veredas, calles y cruces seguros— el balance fue positivo y la ciudad presenta condiciones adecuadas para desarrollar un centro comercial abierto. Sin embargo, el informe marcó falencias importantes en el propio sector comercial.
“Nos dijeron que la infraestructura está incluso mejor que el comercio. Encontraron vidrieras poco atractivas, fachadas descuidadas y falta de iluminación. El comercio no está invitando a entrar. Se puede mejorar el espacio público, pero si el local no atrae, el cliente no entra. Ahí tenemos un desafío grande”, advirtió Grasso.
En ese marco, uno de los principales desafíos será lograr el compromiso de los comerciantes para trabajar de manera coordinada, especialmente en la mejora de fachadas y la construcción de una oferta más atractiva. En algunos casos, estas intervenciones dependen también de los propietarios de los inmuebles, que no siempre acompañan las iniciativas.
“Hay que trabajar con los dueños para que entiendan que, si el área se valoriza como centro comercial, también mejora el valor de sus alquileres. Pero implica inversión. Y estamos arrancando en un momento complejo”, agregó.
Lejos de ser un obstáculo, desde la CAIC consideran que el contexto económico puede funcionar como un incentivo para generar estrategias colectivas que reduzcan costos y potencien las ventas en los comercios físicos. El modelo de centro comercial abierto, en ese sentido, propone una lógica de gestión compartida, similar a la de un shopping.
“En algunas ciudades se unifican compras para abaratar costos. Por ejemplo, las bolsas. En lugar de que cada comercio compre por separado a distintos proveedores, se adquieren en conjunto, con una identidad común. La clave es que todos tiren para el mismo lado”, comentó el secretario de CAIC.
La gran duda: ¿Dónde?
El proyecto de centro comercial abierto implica una serie de definiciones importantes.
Por un lado, en términos estructurales, se deben delimitar el área comercial principal, las zonas secundarias y los espacios de expansión futura. También será necesario ordenar las prioridades de circulación —peatonal, vehicular y de movilidad alternativa como bicicletas y motos—, además de establecer un esquema de desarrollo y gestión urbana sustentable. A esto se suma un aspecto central: construir una identidad e imagen propias que unifiquen la propuesta.
El próximo paso concreto será avanzar en una reunión con equipos del municipio para comenzar a definir una zona de intervención. La intención es que esa discusión se active en el corto plazo.
“Un sector que gustó mucho fue el del paseo del Bicentenario. Como es un área que recién está empezando, hay margen para planificar desde cero. El municipio apunta a que tenga perfil comercial y, al mismo tiempo, permita descomprimir la circulación en el centro”, señaló Grasso sobre una de las alternativas en análisis.
En paralelo, desde la CAIC proponen iniciar con un tramo acotado de la calle Tucumán, entre Buenos Aires e Italia. Ese sector ya tuvo una experiencia preliminar durante las fiestas de fin de año, cuando se cerró la circulación de vehículos y se transformó en peatonal de manera temporal, funcionando como una suerte de prueba piloto.

Por ahora, otro de los pendientes es incorporar la mirada de comerciantes que no están afiliados a la cámara. Esa instancia, que ya había comenzado a plantearse en la convocatoria de septiembre, será necesaria para legitimar el proyecto. En ese sentido, la selección del área a intervenir aparece como un factor determinante para sumar adhesiones.

