ÚLTIMAS NOTICIAS:

Calidad y cantidad: cómo pueden impactar las lluvias en las peras y manzanas del Alto Valle

Después de una floración extraordinaria, la humedad persistente genera riesgos para la próxima cosecha. El secretario de Fruticultura de Río Negro, Facundo Fernández, explicó cuáles son las principales amenazas y qué medidas se están tomando para prevenir daños.
Peras pequeñas, todavía en desarrollo, con los efectos visibles de la humedad. El monitoreo es constante en las chacras de la región.

La persistencia de las lluvias durante la primera quincena de octubre encendió las alertas en la producción de peras y manzanas del Alto Valle de Río Negro. Después de una floración que había generado expectativas muy favorables para la próxima temporada, las condiciones de humedad empezaron a representar una amenaza para la sanidad de los frutos. Ante ese escenario, el principal temor del Gobierno provincial no está puesto, por ahora, en una eventual reducción del volumen de producción, sino en la calidad de la fruta que llegará a la cosecha.

“Agronómicamente, la calidad. Le tengo mucho miedo al hongo, la sarna del peral, corazón acuoso, corazón mohoso acuoso y corazón mohoso seco”, afirmó este jueves el secretario de Fruticultura de Río Negro, Facundo Fernández, durante una entrevista con Mañana de Noticias, por Literal Radio, cuando se le preguntó qué le preocupaba más sobre el panorama a corto y mediano plazo.

El funcionario explicó que algunas enfermedades pueden manifestarse recién cuando la fruta ya fue cosechada y almacenada en los frigoríficos. “A eso le tenemos miedo, porque quien no pueda aplicar fungicida probablemente tenga algún daño”, señaló.

Fernández dijo que los equipos técnicos de la Secretaría trabajan en recomendaciones para prevenir enfermedades, mientras se mantienen vigentes las herramientas de financiamiento para la compra de agroquímicos. También destacó el desarrollo de un programa para incorporar drones a las tareas agrícolas, una tecnología que permite realizar aplicaciones cuando el estado de los suelos impide el ingreso de tractores.

En paralelo, reveló que el Gobierno provincial planteó ante funcionarios nacionales la necesidad de reducir la carga impositiva sobre el trabajo en la fruticultura. “Hoy sentimos que vamos a la cola”, cuestionó, al referirse a la velocidad de las respuestas nacionales para las economías regionales.

Una floración extraordinaria frente a un escenario climático inusual

—La temporada comenzó con una floración muy favorable, pero después llegaron prácticamente dos semanas de lluvias. ¿Qué consecuencias puede tener esto para la producción?

—Venimos con una floración extraordinaria. El año pasado tuvimos una merma de producción por diferentes situaciones climáticas y eso hizo que las plantas tuvieran menos volumen. Agronómicamente, la planta está más descansada y, con buenas condiciones de humedad en el suelo, tuvimos una floración magnífica.

El Valle tiene una combinación única para producir fruta de pepita: un clima sumamente desértico, con menos de 200 milímetros de lluvia por año, y abundancia de agua para riego. Eso genera condiciones muy buenas para producir con baja incidencia de hongos, a diferencia de otros países que tienen climas mucho más húmedos.

Este año superamos ampliamente los milímetros que llueven habitualmente (NdR: de enero a octubre se acumularon 260 ml, sobre 200 ml promedio anual) y todavía tenemos pronósticos de precipitaciones para las próximas semanas. Eso genera amenazas de enfermedades que usualmente no tenemos.

—¿Por qué la humedad representa un riesgo tan importante en esta etapa?

—Para que se desarrolle una enfermedad se necesitan tres condiciones: la presencia del hongo, una planta susceptible y las condiciones ambientales adecuadas. Hoy tenemos flores que acaban de perder sus pétalos, frutos que están comenzando a formarse y muchas horas de hojas y plantas mojadas, con temperaturas que superan los 15 grados.

Es una situación más parecida a la de un clima tropical que a nuestro clima seco. Y tenemos otro problema operativo: tantas horas de suelo mojado hacen que los tractores no puedan ingresar para pulverizar.

Hoy no podemos decir que tengamos daños por eso. Los hongos pueden aparecer en la fruta más adelante, por lo que necesitamos tratamientos preventivos. La evolución va a depender de las aplicaciones que puedan hacerse y de cómo continúe el clima.

—Los productores también mencionan dificultades para la polinización porque las abejas reducen su actividad cuando llueve. ¿Qué efecto puede tener sobre el cuaje?

—Es correcto. La abeja sale mucho menos cuando llueve o hace frío. El año pasado tuvimos temperaturas ideales, alrededor de 22 grados y sin viento, que favorecieron muchísimo su actividad. Este año tuvimos ventanas de buen tiempo.

Es muy prematuro decir qué efecto tendrá. Como tuvimos muchísima floración, puede ocurrir que la menor fecundación de algunas flores no tenga una consecuencia tan grave. Pero eso todavía es especulativo. Lo que sabemos es que, si la abeja trabaja menos, nunca es bueno.

Relevamientos, recomendaciones técnicas y mayores costos

—¿Qué está haciendo la Secretaría de Fruticultura para acompañar a los productores ante este escenario?

—Nuestro equipo está trabajando en recomendaciones técnicas y en informar qué productos pueden utilizarse para prevenir las enfermedades. Tenemos seis ingenieros en la Secretaría que estarán a disposición de los productores que necesiten asesoramiento.

Además, mantenemos nuestro programa anual de agroquímicos, que incluye fungicidas. El productor puede retirar los productos ahora y comenzar a pagarlos el año que viene, en seis cuotas. Es una herramienta financiera que tenemos desde hace años.

En este caso, más que una asistencia financiera extraordinaria, creemos que lo más importante es la recomendación técnica, porque estamos frente a una situación inusual.

—¿Estas aplicaciones adicionales implicarán un aumento importante de los costos de producción?

—El costo de aplicar un fungicida no va a ser extremadamente alto. El problema es que la fruticultura ya está en una situación de costos y carga impositiva muy elevada, y no soporta incrementos, por mínimos que sean.

Hay productores que pulverizaron y al día siguiente volvió a llover, con lo cual el producto se lavó y tuvieron que evaluar una nueva aplicación. El incremento de costos no será igual para todos, pero se suma a un esquema económico que ya está al límite.

Drones para trabajar en chacras donde no pueden ingresar los tractores

—Usted mencionó que los drones pueden ser una alternativa para realizar aplicaciones cuando los suelos están demasiado húmedos. ¿Qué posibilidades ofrece esta tecnología?

—El dron permite hacer pulverizaciones foliares sin necesidad de ingresar con maquinaria pesada a los sectores donde hay barro. También permite aplicaciones focalizadas y aprovechar ventanas cortas de buen tiempo.

No va a reemplazar al tractor ni a la pulverizadora, de ninguna manera. Es una herramienta complementaria, que puede ser muy efectiva en determinadas situaciones.

Estamos trabajando con el INTA para mostrar sus posibilidades, pero también sus limitaciones. No queremos que se piense que el dron es la solución para todo, porque hay aplicaciones para las que no sirve.

—¿Qué herramientas existen para que los productores puedan acceder a esta tecnología?

—Desde el año pasado incorporamos los drones al programa de financiamiento de maquinaria que tenemos con el Consejo Federal de Inversiones, con un tope de 300 millones de pesos por productor. Ya otorgamos créditos para 11 drones.

Pero para muchos productores pequeños no tiene sentido económico comprar uno. Por eso queremos desarrollar prestadores de servicios que puedan realizar las aplicaciones en distintas chacras.

Ya hicimos dos capacitaciones abiertas junto al INTA, una en el Alto Valle y otra en Viedma. El próximo 14 de noviembre vamos a realizar otra jornada, con una parte teórica en la Secretaría de Fruticultura y una demostración práctica en el predio de la Federación de Productores.

—¿También están trabajando en la formación de pilotos?

—Sí. Para manejar estos equipos se necesita una licencia de la ANAC, porque estamos hablando de drones que pueden pesar 150 kilos y requieren condiciones de seguridad.

Estamos impulsando la formación de pilotos, especialmente entre jóvenes de las escuelas agrotécnicas, para que puedan convertirse en prestadores de servicios. Hoy ya existen algunos, pero no alcanzan para cubrir la demanda.

También vamos a priorizar el financiamiento de empresas que quieran comenzar a prestar este servicio. Creemos que es una tecnología necesaria para la fruticultura.

El reclamo a Nación por los costos laborales y la competitividad

—Además de los riesgos climáticos, usted mencionó que la fruticultura atraviesa una situación económica muy ajustada. ¿Qué plantearon ante los funcionarios nacionales?

—Ayer tuvimos una reunión con el Gobierno nacional, que vino a participar del lanzamiento del programa de mosca estéril. Aprovechamos, junto con la Federación de Productores, para pedir asistencia financiera adicional para capital de trabajo y una reducción de impuestos.

La reunión de ayer, en la que Fernández (adelante a la izquierda) y el ministro Banacloy reclamaron cambios impositivos a funcionarios nacionales.

La fruticultura no puede ser tratada de la misma manera que la producción de granos. Nosotros tenemos un 55% de mano de obra en nuestra estructura de costos. Somos generadores de empleo y necesitamos que eso tenga un tratamiento impositivo diferente.

Países como Chile, Sudáfrica, Nueva Zelanda y Uruguay tienen costos laborales impositivos mucho menores. Necesitamos medidas similares para la fruticultura y otras economías regionales.

—¿Qué diferencia existe entre la carga laboral de un productor argentino y uno chileno?

—Hoy, entre el costo de la empresa y los impuestos laborales, estamos hablando de un 55%, mientras que Chile paga un 16%.

Ese esquema muchas veces termina favoreciendo la informalidad. Hay productores que dejan de pagar impuestos porque es un mecanismo de supervivencia para que los números cierren. Nosotros necesitamos exactamente lo contrario: formalizar la actividad, generar empleo y ser competitivos para exportar.

—Los productores también plantean su preocupación por el ingreso de manzanas desde Chile. ¿Qué incidencia tiene sobre el mercado?

—Hasta ahora no ha tenido una incidencia fuerte en volumen. Es cierto que ingresa fruta de Chile, pero nosotros no estamos en desacuerdo con las importaciones. También tenemos que pensar en el consumidor y en la posibilidad de que las familias accedan a fruta a precios más bajos.

Lo que no puede pasar es que una manzana chilena llegue a nuestro mercado y pueda competir en precio con una producida acá. Eso demuestra que tenemos un problema de competitividad.

No creemos que la solución sea cerrar las importaciones. Lo que necesitamos es modificar nuestro esquema impositivo.

—¿Qué respuesta encontraron en el Gobierno nacional frente a estos reclamos?

—A veces sentimos que gritamos contra una pared. No es que no nos escuchen, porque siempre nos recibieron, pero creemos que los tiempos en los que el Gobierno nacional está tomando medidas no son los tiempos que necesita el sector productivo.

Las economías regionales tienen ciclos de inversión muy largos y generan trabajo para muchísimas familias. Necesitan mayor prioridad y celeridad.

Se lo planteamos a los funcionarios y quedamos con una agenda para intentar generar un nuevo préstamo destinado a capital de trabajo para el año que viene. Pero hoy sentimos que vamos a la cola.


Escuchá la entrevista completa con Facundo Fernández en Mañana de Noticias

Podría interesarte

Scroll al inicio
Buscar