El panorama para los productores frutícolas del Valle es más que desalentador. La poda, una de las tareas culturales clave para garantizar la calidad de la fruta, está siendo postergada, recortada o directamente cancelada en muchas explotaciones debido a una combinación explosiva: el aumento de costos, el atraso cambiario y la absoluta falta de liquidez en el sector.
Este año, el costo de podar una hectárea creció más de un 50% en pesos respecto al ciclo anterior. Incluso medido en dólares, el incremento es significativo, situándose apenas por debajo de ese mismo porcentaje. En la práctica, se traduce en que para realizar una poda de calidad sobre perales, los productores deben desembolsar más de 1.100 dólares por hectárea. Una cifra que, dadas las condiciones actuales del mercado, se vuelve directamente impagable.

