El vínculo entre el gobierno de Río Negro y la administración Milei atraviesa un camino de reconfiguración. Las elecciones legislativas del 26 de octubre modificaron los equilibrios de poder y buena parte de los gobernadores quedaron obligados a redefinir sus estrategias ante un gobierno central que avanza rápido -y legitimado- hacia reformas profundas.
En ese contexto, el gobernador Alberto Weretilneck se prepara para un encuentro clave: este lunes será recibido en la Casa Rosada, una reunión que marcará el tono del nuevo diálogo con la Casa Rosada. O con “Buenos Aires”, esa figura de la Presidencia de la Nación casi demonizada durante la campaña electoral del oficialismo provincial, cuando se repitió una y otra vez que “allá” no están interesados por lo que pasa “acá”.
Cerca y lejos de Santilli
El dato tiene relevancia política por varias razones.
En principio, el mandatario rionegrino no participó de la reunión que este sábado en Neuquén mantuvieron su par y amigo, Rolando Figueroa, con el flamante ministro del Interior, Diego Santilli.
La visita de Santilli a la vecina provincia no representó una oportunidad perdida para Weretilneck: su propia audiencia ya estaba confirmada el viernes, previéndose también la participación del jefe de Gabinete, Manuel Adorni.
Weretilneck cerró la semana en la Región Sur, con recorridas y presencias desde Maquinchao hasta Ñorquinco, que ayer cumplió 98 años. Esa elección también dice algo: el gobernador consolida presencia territorial en la provincia, ratificando el concepto de que “aquí no ha pasado nada” que empezó a transmitir con su intensa actividad en redes sociales.
Hermoso El Caín y su gente! Viviendas y buenas noticias. Acá también estamos construyendo una nueva Provincia.💚 pic.twitter.com/2y2ZSZbZJJ
— Alberto Weretilneck (@WeretilneckOK) November 14, 2025
Al mismo tiempo, esa presencia lejana al foco de atención que generó Santilli llegando a la Patagonia parece buscar también una imagen de autonomía política frente a la agenda nacional.
Pero la reunión de mañana será inevitablemente un punto de inflexión: un reencuentro formal con un gobierno nacional que, tras el recambio legislativo, revisa su relación con las provincias, en busca de las mayorías necesarias en el Congreso.
Coyuntura y temas de fondo
Hasta el viernes no había temario definido para la audiencia en Buenos Aires, según las fuentes oficiales consultadas por Literal. Sin embargo, es casi un hecho que Weretilneck pondrá sobre la mesa tanto asuntos coyunturales como demandas estructurales.
Lo más urgente será el aval de Nación para el esquema de instrumentos financieros que el Ejecutivo provincial envió a la Legislatura y que será tratado el próximo jueves. Después de su aprobación local, el plan necesita la convalidación de la Casa Rosada, una instancia indispensable para garantizar liquidez desde el primero mes del 2026.
Ese punto ilustra la nueva asimetría que enfrenta Weretilneck: después del 10 de diciembre, Juntos Somos Río Negro dejará de tener representación en el Congreso nacional, lo que reduce su margen de negociación.
Pero eso no significa que el gobernador haya perdido todas sus cartas.
En los proyectos energéticos —desde el oleoducto Vaca Muerta Sur (VMOS) hasta los planes de GNL— la participación provincial sigue siendo decisiva.
Los avales ambientales, las servidumbres de paso y la “licencia social” son atribuciones que permanecen bajo control provincial. Weretilneck lo sabe y ya mostró su capacidad de condicionar: en el primer semestre hizo sentir la presión a YPF y a otras petroleras del consorcio VMOS, que finalmente accedieron al pago de un bono extraordinario para garantizar la continuidad del proyecto.
Las urgencias productivas
Además del frente energético, el mandatario llega a Buenos Aires con una serie de emergencias encadenadas. La tormenta de granizo del lunes pasado, que devastó decenas de hectáreas frutícolas en el Alto Valle, reactivó la discusión sobre los mecanismos de asistencia nacional al sector agroindustrial.
No se descarta que el gobernador plantee la necesidad de coordinar recursos y programas específicos.
Pero hay otra emergencia, que la provincia padece de hecho y que no tiene el mismo abordaje: la “emergencia vial”.
Esta semana quedó firme el fallo judicial que ordena al Gobierno Nacional realizar obras urgentes en la Ruta Nacional 40. En simultáneo se multiplicaron los reclamos —incluido el del Sindicato de Trabajadores del Gas y del Petróleo— por las condiciones críticas de la Ruta 151.
Sin embargo, la Ruta 22 sigue en espera. Hay un recurso de amparo redactado, idéntico al que motivó la resolución judicial sobre la 151, pero el propio Weretilneck decidió mantenerlo en suspenso, esperanzado en que Nación finalmente formalizaría el traspaso de la administración del tramo rionegrino a la órbita provincial.
Claro, esa negociación se inició cuando el jefe de Gabinete era Guillermo Francos y el ministro del Interior, Lisandro Catalán. Hoy, con un gabinete reestructurado y con Santilli y Adorni como nuevos interlocutores, el panorama es distinto.
Weretilneck sabrá mañana si aquella posibilidad sigue en pie o si deberá reabrirse desde cero.
Del pragmatismo a la reconstrucción
El nuevo contexto nacional le impone desafíos inéditos a un gobernador que, con los años, ha demostrado una constante: su vínculo con el poder central siempre se mueve sobre un eje pragmático.
Con Cristina Kirchner, con Mauricio Macri, con Alberto Fernández (principalmente con Sergio Massa), el mandatario supo mantener canales abiertos, apelando al discurso basado en los intereses rionegrinos como prioridad.
Ahora, con un gobierno que centraliza decisiones y que tiene actores proclives a exigir alineamientos ideológicos, la estrategia que caracterizó a Juntos Somos Río Negro durante los últimos años podría no ser suficiente.
Weretilneck llega a la Casa Rosada con debilidad institucional pero con fortaleza territorial. Conoce los resortes del poder en la provincia, mantiene ascendencia sobre los intendentes —incluso los de signo opositor— y preserva una base sindical que le garantiza paz social en sectores clave.
Su apuesta parece ser reposicionar a Río Negro como un actor indispensable en la ecuación patagónica, principalmente por ser territorio estratégico para los proyectos vinculados a la energía.
La reunión de mañana será entonces un test político, para medir hasta dónde el gobierno nacional está dispuesto a reconstruir un escenario federal real y hasta dónde llega la voz de Río Negro en esa “Buenos Aires” tan resistida hasta ayer nomás.

