Los estudiantes de Río Negro tendrán 75 días de vacaciones antes de que empiece el ciclo lectivo 2025. La cifra es un poco más alta que el promedio nacional, de 71 días, en un contexto donde Catamarca, Santiago del Estero y La Rioja tienen 82 jornadas de receso, con CABA, Corrientes y San Juan en el otro extremo, llegando a 66 días de interrupción de clases en el verano.
Los datos toman relevancia si se tiene en cuenta que, durante el período en el que no concurren a las escuelas, los niños y adolescentes pueden retroceder o avanzar en el aprendizaje.
Y en ese escenario aparece un informe publicado por la ong Argentinos por la Educación, que advierte sobre el impacto de las vacaciones en el aprendizaje, principalmente en sectores vulnerables de la sociedad argentina.
“Las vacaciones de verano afectan el aprendizaje y pueden profundizar las desigualdades entre estudiantes de distintos sectores socioeconómicos. Los chicos de sectores más favorecidos vuelven a clases con aproximadamente 22 días más de aprendizaje, mientras que los alumnos de contextos vulnerables enfrentan una pérdida de hasta 76 días (aproximadamente 2 meses y medio), según una revisión de estudios internacionales”, sostiene el documento presentado este jueves a nivel nacional.
El documento sintetiza la evidencia internacional sobre la pérdida de aprendizajes de verano (conocida en inglés como “summer learning loss”) y describe algunas estrategias efectivas para mitigar esos efectos negativos.
Lengua y matemáticas
Las investigaciones señalan que el impacto promedio de las vacaciones prolongadas equivale a una pérdida de aproximadamente 47 días de aprendizaje. En lengua, la pérdida asciende a 54 días, mientras que en matemática se eleva a 65 días.
El análisis identifica diferencias significativas por nivel socioeconómico. Mientras los estudiantes de NSE medio/alto mantienen e incluso mejoran algunas habilidades (como el reconocimiento de palabras), los de NSE bajo enfrentan pérdidas de aprendizaje: en otras palabras, las vacaciones amplían las brechas educativas.

El impacto también varía notablemente según el grado escolar: a mayor grado, mayor es la pérdida de aprendizaje. Los estudiantes de los primeros grados ganan en promedio 14 días, pero para los de 7º grado la pérdida es de 61 días. A su vez, a medida que aumenta el grado, se profundizan las brechas de aprendizaje entre los niveles socioeconómicos.

Existen amplias diferencias en la duración de las vacaciones de verano a nivel internacional. En Argentina, con un promedio de 71 días, las vacaciones son más extensas que el promedio de la OCDE (63 días) y de América Latina (66 días). A nivel regional, el país ocupa la quinta posición en cuanto a duración de las vacaciones, superado por países como Perú (con 87 días, la cifra más alta de la región), y muy por encima de México, que tiene vacaciones más cortas (41 días).

Estrategias para atenuar el impacto
Entre las estrategias para combatir la pérdida de aprendizajes de verano, el informe menciona cuatro que se han usado en diferentes países desarrollados y Latinoamérica: escuelas de verano, talleres de lectura, modificaciones del calendario escolar y programas de tutorías. La efectividad de cada medida depende de factores como el diseño, la población objetivo y los recursos disponibles.
Las escuelas de verano implican actividades académicas y recreativas durante las vacaciones con el objetivo de reforzar o recuperar conocimientos. Otra estrategia, similar a esta, se enfoca exclusivamente en talleres de lectura guiada durante el verano.
En cuanto a la modificación del calendario escolar, implica mantener la cantidad de días de vacaciones pero redistribuirlos en recesos más cortos a lo largo del año académico.
Por otro lado, los programas de tutorías, que consisten en intervenciones uno a uno o en pequeños grupos con tutores que guían a los estudiantes en actividades académicas durante el verano, también han mostrado beneficios.

