La política de desarrollo territorial de Roca, estructurada a partir del Plan Director (PDR), convocó a numerosos actores especializados y requirió años de trabajo. Sin embargo, a 19 años de su aprobación, muchos de sus lineamientos aún no se concretaron. Más allá de una falta de voluntad política, otros factores contribuyeron a la persistencia de un diseño urbano extemporáneo y poco eficaz frente a las problemáticas de la ciudad. En esta nota, recogemos la mirada de un docente e investigador de la Escuela de Arquitectura de la Universidad Nacional de Río Negro (UNRN).
Plan Director de Roca: dos décadas en vigencia
El proceso de elaboración del PDR comenzó en junio del año 2000, tras la sanción de la ordenanza 3.216. Desde sus inicios, se planteó como un proyecto participativo: 27 instituciones locales intervinieron en su formulación a través de reuniones, talleres y entrevistas. Fueron cinco años de trabajo intenso que culminaron en junio de 2006 con la aprobación de su cuerpo normativo.
Este documento se propuso como un ”marco general de acción” para orientar la estrategia de desarrollo territorial del municipio. En su presentación, el Plan Director reconoce los profundos cambios socioeconómicos de aquel momento y plantea la necesidad de definir “nuevas formas de intervención sobre el territorio que constituyan el soporte estructural de un nuevo modelo territorial”.
Pero, pocos resultados…
Sin embargo, dos décadas después, los efectos concretos de su implementación en la estructura urbana son escasos. “En 20 años, lo que podemos decir es que hoy la gestión real dista muchísimo de lo que propone el PDR. Porque cualquier corpus normativo no puede ser un traje a medida de ciertos intereses”, afirmó en diálogo con Literal José Luis Basualdo, arquitecto , urbanista y docente de la Universidad Nacional de Río Negro (UNRN).

Entre sus objetivos principales, el plan estableció: promover el desarrollo integral del municipio, mejorar la calidad de vida urbana y garantizar la equidad en el acceso a los beneficios de la urbanización, impulsar procesos de regularización dominial y urbanización de sectores vulnerables, evitar la retención especulativa de inmuebles urbanos, fomentar una adecuada distribución de las densidades poblacionales, preservar y recuperar el medio ambiente y el patrimonio cultural y paisajístico, revalorizar el espacio rural desde lo productivo, ecológico y patrimonial, e integrar y complementar las dinámicas urbanas y rurales en función del desarrollo socioeconómico.
Para Basualdo, muchos de estos principios no se tradujeron en acciones efectivas. No obstante, destacó la creación del banco de tierras municipal, aunque cuestiona su uso, que —según su visión— se implementó de manera discrecional.
Los principales problemas nunca resueltos
Una de las directrices del PDR, en su apartado de integración socio-urbana, plantea la necesidad de eliminar las barreras físicas que históricamente separaron el norte y el sur del Canal Grande. Se trata de una división profunda, presente no solo en la estructura urbana sino también en la idiosincrasia valletana.
“Roca enfrenta un problema que se arrastra desde su fundación en 1880 y es común a casi todas las ciudades del valle. Están seccionadas en sentido este-oeste. Entonces se genera una suerte de hojaldre donde los sectores populares se concentran al norte, los sectores acomodados al sur y, en el medio, la clase media, con algunos manchones de clase media baja o media alta. Pero nunca hubo una política decidida para romper esa barrera”, afirmó Basualdo.
Para el arquitecto, esa segregación alcanzó su máxima expresión durante la pandemia, cuando el municipio instaló una barrera física a la altura del Canal Grande. El caso generó polémica porque directamente se impidió la circulación entre una y otra área.

Según Basualdo, uno de los intentos más relevantes por revertir esa lógica ocurrió durante la gestión de Carlos Soria, con la construcción y puesta en valor del Paseo del Canal Grande. No obstante, consideró que en los últimos años la calidad de las políticas territoriales decayó significativamente. Como ejemplo, mencionó el trazado de bicisendas que priorizan el eje este-oeste, dejando de lado la conectividad entre el norte y el sur.
“No se construyó ni una sola bicisenda en sentido sur-norte, que bien podrían haberse emplazado sobre calles como Jujuy, San Juan, Mendoza, Rosario, Santa Fe o Damas Patricias, que son las que conectan los barrios populares con el centro. Hay una visión totalmente elitista en esa decisión”, cuestionó.
La cuestión ambiental
Basualdo también apuntó contra la falta de políticas ambientales. A su entender, la ausencia de obras estratégicas agravó problemáticas estructurales e impidió una adecuada preservación de los recursos naturales.
En esa línea, mencionó el caso del corredor de calle Viterbori, un área densamente urbanizada por desarrollos privados, sin un correcto funcionamiento del sistema cloacal. También se refirió a la barda norte, a la que definió como “el patio trasero de la ciudad”. ”Se tira todo lo indeseable que son parques industriales, las plantas de tratamiento, las canteras, tenemos cuestiones de extractivismo, los pobres, todos los grandes artefactos. La barda norte es una cosa que no existe y cada vez que llueve entra toda la correntada por calle Maipú y te llena absolutamente el centro”, sintetizó.

Por qué no se avanzó con políticas concretas: «El pecado original»
En su artículo “Conformación, estabilidad y crisis del sistema territorial del Alto Valle del río Negro” (2022), publicado en la revista Párrafos Geográficos, el arquitecto analizó el proceso histórico de conformación territorial del Alto Valle, desde la expansión estatal impulsada por la Campaña del Desierto hasta las actuales dinámicas de extractivismo productivo.
Basualdo sostiene que algunas de las problemáticas estructurales que enfrenta hoy Roca tienen raíces profundas, que se remontan a fines del siglo XIX. Entre ellas, destaca la concentración de la propiedad en pocas manos y la segregación urbana derivada de la distribución original de las tierras.
“Todo el valle tiene una estructura muy marcada, que arrastra un pecado original: la repartija de las tierras en pocas manos. Cuatro o cinco actores se quedaron con casi todo el valle y capturaron las plusvalías generadas por las obras públicas, como la red ferroviaria y el sistema de riego. Después se las vendieron a los colonos. Y cuando la fruticultura entró en crisis, los nietos de esos grandes tenedores volvieron a comprar las chacras a través de un proceso de integración vertical de empresas”, explicó.
Según el investigador, revertir esas estructuras históricas exige decisiones políticas firmes, que pocos estarían dispuestos a tomar: “Se necesitan decisiones muy fuertes para romper con fuerzas que son muy viejas, muy arraigadas. Y yo siento que nadie se va a meter con eso”, advirtió.
Plan director de Roca: que se podría hacer
Basualdo propuso cuatro lineamientos clave que podrían contribuir a redefinir el concepto urbano de Roca, con una mirada integradora y sustentable:
- Fortalecer la conexión norte – sur: «Para poder generar mayor mezcla social. A través de de paseos verdes por Mendoza, Rosario Santa Fe, Vinter, que vayan desde la Ruta 22 hasta la barda norte generando lugares de encuentro»
- Declarar la barda norte como área natural protegida en restauración: «Se debería impedir nuevas explotaciones de canteras y recuperar la cobertura vegetal, para proteger de deslizamientos a los barrios Fiske Menuco, Quinta 25 y Barrio Nuevo».
- Convertir a la Ruta Chica como un espacio de recuperación del patrimonio: «Colonia Rusa tiene mucho que contarnos, con posibilidad de convertirla en un polo gastronómico, de ocio, etc. Y del otro lado todo lo que es Gómez y las estaciones, es muy interesante»
- Generar una recuperación de los humedales de la ribera del río Negro.
¿Una revisión del PDR?
Para el arquitecto, el PDR responde a un paradigma de ciudad —y de país— que quedó completamente desfasado. A más de 20 años de su sanción, advierte que el contexto social, económico y territorial cambió radicalmente, y que hoy el documento resulta anacrónico frente a las nuevas realidades.
“Siento que el PDR pertenece a un paradigma que está muerto. A una gran mentira heredada del proyecto moderno, que daba por sentado el progreso. Se asumía que si trabajabas y estudiabas, ibas a poder ahorrar, comprarte una casa, acceder a una vida mejor. Pero esa sociedad ya no existe. Hoy vivimos en una sociedad profundamente fisurada, fragmentada. Algunos actores corren en Fórmula 1, mientras otros avanzan en un carro tirado por un buey. Son velocidades completamente distintas”, sostuvo.
Frente a ese escenario, Basualdo planteó la necesidad de una nueva propuesta de planificación territorial que sea capaz de “nivelar la cancha” y promover instrumentos realmente eficaces para una integración más justa y equitativa.

