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Casciari llega a Roca y en la previa habló sobre la despedida de Messi: “Hemos tenido muchísima suerte”

El escritor y narrador cerrará este domingo la Octava Feria Municipal del Libro de Roca con “Puro Cuento”. Antes de su presentación, habló con Literal.
Hernán Casciari habló sobre Messi y sobre "Puro Cuento", el recital literario que presentará el próximo domingo a las 20 en Roca.

La despedida de Lionel Messi de la Selección Argentina quedará inevitablemente cerca de la presentación de Hernán Casciari en Roca. Tanto, que el escritor todavía no sabe qué cuentos llevará el domingo al escenario, pero admite que probablemente el capitán argentino encuentre algún lugar en su espectáculo.

Casciari llegará a la ciudad para cerrar la Octava Edición de la Feria Municipal del Libro. Se presentará a las 20 en el Auditorio Jorge Luis Borges, con “Puro Cuento”, un recital literario que, según explicó, fue alejándose progresivamente de la lectura tradicional hasta quedar mucho más cerca de un unipersonal teatral.

Antes de viajar a Río Negro, habló con Mañana de Noticias, por Literal Radio, desde su estudio en San Antonio de Areco. Y cuando apareció Messi en la conversación, su mirada fue más allá del fútbol. Recordó haberlo visto numerosas veces durante sus años en Barcelona, evocó indirectamente aquel “Messi es un perro” que se convirtió en uno de sus relatos más conocidos y ubicó al futbolista junto a nombres como Jorge Luis Borges y Astor Piazzolla.

“Me parece que hemos tenido muchísima suerte”, resumió. Para Casciari, el privilegio no fue solamente haber visto a una figura excepcional, sino haber coincidido con ella en tiempo y lugar: ser contemporáneos de Messi y, además, sentirlo cercano por haber nacido en el mismo país.

La charla también permitió recorrer el camino que lo llevó desde la escritura hacia la oralidad, un cambio que tuvo un punto de inflexión inesperado: el infarto que sufrió en 2015 y la posterior decisión obligada de dejar de fumar. Durante un tiempo no pudo escribir y encontró -en la radio primero y en los escenarios después- otra forma de narrar.

Hoy define lo que hace sobre el escenario como una manera de “escribir cuando habla”. No memoriza un guion, ni siquiera decide con demasiada anticipación qué historias contará. Elige a partir de su propio estado de ánimo, de aquello que ocurre alrededor y de lo que supone que puede estar atravesando también al público.

En esa construcción aparecen permanentemente familiares, amigos, parejas, padres e hijos. Pero Casciari asegura que existen reglas. Una es no exponer a quien no quiere ser expuesto. Otra, mucho más particular, determina hasta dónde está dispuesto a deformar la realidad: si exagera algo, nunca puede ser para quedar mejor parado.

—Venís a Roca con “Puro Cuento”. ¿Qué diferencia hay entre leer un cuento y convertirlo en un recital literario?

—Hace bastante tiempo ya que dejé paulatinamente de leer mis cuentos. Cuando vean la performance, se parece un poquito más —no digo que lo sea— a un unipersonal teatral. Porque el escritor, cuando finalmente levanta la vista del papel y ya recuerda, no de forma automática ni de memoria, lo que está contando, sino que lo puede encarnar o interpretar, empieza a desplegarse una experiencia para el espectador un poco más rica que la de la propia lectura.

Lo mío ya empieza a involucrar los gestos, al principio; los matices de la voz, después; y finalmente el cuerpo. Ya no hay una persona sentada a una mesa, aunque inicia de esa forma porque me encanta que sea paulatina esa deconstrucción. Pero termina ocurriendo algo que está mucho más cerca del teatro que de la literatura.

Casciari conversó este miércoles con Literal Radio desde su estudio, en San Antonio de Areco.

—¿Es rígida la presentación? ¿Un cuento cambia cuando empezás a contarlo frente a la gente?

—No tengo un guion ni nada. Ni siquiera sé hoy, y seguramente lo sabré ese día, qué historias voy a elegir. Depende muchísimo de mi estado de ánimo de esa tarde. Un rato antes, en los hoteles, digo: “Bueno, a ver qué tengo ganas de contar, qué cosa me está interpelando en este momento”.

Utilizo mucho mi propia memoria emotiva. No soy un escritor que haya tenido en su carrera mucha imaginación. No tengo imaginación: cuento cosas que me han pasado. Mis personajes son mi familia y mis amigos, mis hijas, mi mujer, mis padres.

Hay días en donde extraño más a mi hija grande, que está viviendo en Barcelona, y me dan ganas de hablar de ella. Otros días me dan ganas de hablar de mi papá, que ya no está. O si pasa algo con la Selección, hablo más de fútbol. Depende de la coyuntura interna mía y de la coyuntura del momento también de los espectadores.

—Seguramente el domingo muchos te van a pedir que hables de Messi…

—Claro. No sé si es que me piden que lo haga. Me parece que yo mismo me lo pido también, o interpreto lo que los demás pueden estar queriendo. Messi se está retirando, entonces posiblemente haga una referencia a eso en el espectáculo. Pero si el espectáculo ocurriera en otro momento, quizá eso no sería tan importante. Es algo que me tiene que completar a mí primero y, si me completa a mí, puede funcionar.

—Lo viste muchas veces en Barcelona, escribiste “Messi es un perro” y ahora se acerca su despedida. ¿A qué Messi despedís de la Selección?

—A mí me parece que hemos tenido muchísima suerte. Esa es la sensación que me deja. Muchas veces lo he pensado también, salvando las distancias o no, sobre Borges. Yo soy muy fan de Borges, pero hay mucha gente que es muy fan de Borges en cualquier parte del mundo. Un finlandés puede ser muy fan de Borges, un español puede ser muy fan de Borges, pero Borges escribió en argentino, vivía en Buenos Aires. Habló de cuchilleros y también habló del universo, pero con un lenguaje que un finlandés tiene que recibir traducido, que un español tiene que reinterpretar.

En cambio, nosotros hemos tenido una tremenda suerte con Borges, con Piazzolla o con Messi. La suerte de que, además de ser personajes capitales en el universo de la cultura mundial, hayan sido eminentemente nuestros en un sentido de enorme cercanía.

Cuando una de estas personas se retira o cambia de plano, como en el caso de Piazzolla o de Borges, cuando dejan de hacer aquello que nos fascinaba para dedicarse a otra cosa o porque ya no están en este mundo, a mí la sensación que me queda es de enorme gratitud y, de un modo muy egoísta, de suerte. ¡Qué suerte que tuve!

No solamente de haber compartido geografía con esas leyendas, sino de haber compartido contemporaneidad. Que haya ocurrido mientras yo estaba vivo. Porque una cosa es que te lo cuenten, como yo le cuento a mi hija de 9 años sobre Maradona. Mi hija ve una leyenda, pero la ve en abstracto, la ve en Wikipedia, la ve en viejos videos. No la vio. En cambio, otras leyendas que hemos podido compartir nosotros tienen esa doble fortuna de lo geográfico y lo temporal. Y con Messi nos pasa eso a todos, incluso a mi hija de 9 años. Hay una enorme gratitud de poder haber compartido esa magia con diferentes generaciones.

Messi, protagonista de varias historias de Casciari. El escritor valoró hoy «la doble fortuna de lo geográfico y lo temporal».

Del escritor al contador de historias

—Hace poco dijiste: “Me interesa más contar que escribir”. ¿En qué momento descubriste que tu oficio no era solamente escribir historias sino también contarlas?

—Lo tuve muy marcado. Tuve un infarto en 2015 y tuve que dejar de fumar por obligación. El hecho de haber dejado de fumar fue muy traumático, sobre todo psicológicamente. No me costó tanto, pero no pude volver a escribir durante mucho tiempo. No conectaba. Era tanta la incomodidad que me generaba no fumar que no podía concentrarme.

Entonces mi cuerpo me llevó a requerir otras creatividades para canalizar mis ganas de comunicar. Y lo primero que pasó es que empecé a leer en la radio. Creo que fue Pergolini quien me invitó a leer mis cosas en voz alta en Vorterix hace muchísimo tiempo, y empecé así, sin saber cómo hacerlo, aprendiendo de a poco.

Después de uno o dos años de hacerlo en la radio, como tenía bastante repercusión, empecé a hacerlo en pequeñas salitas de teatro que se llenaban. Empecé a aprender a mover la cara, a hacer un gesto, a convertir un matiz de la voz y después el cuerpo. Después hice un poco de televisión también, en las medianoches de Telefe. Y después empecé a hacerlo de forma continuada en Metro y en Urbana, con “Perros de la Calle”, con Andy.

Los teatros eran cada vez más grandes y la repercusión era cada vez mayor, y también mi gusto por hacerlo.

Yo hoy estoy arriba del escenario y sé que, si quiero, pongo punto y aparte a lo que estoy diciendo y creo, invento, genero un nuevo párrafo en tiempo real, que es mi nueva manera de escribir. Esto que estoy diciendo ahora tiene unos componentes gramaticales bastante parecidos a los que yo usaría cuando escribo. Entonces he adquirido una especie de magia interna, o un ejercicio de poder escribir cuando hablo, y eso me encanta.

—Muchas veces se dice que la gente dejó de interesarse por la literatura, que ya no lee. ¿Pasó eso o cambiaron las formas de acercarse a las historias? ¿Sentís que le encontraste la vuelta con este formato que estás desarrollando?

—No le encontré la vuelta. Me parece que la vuelta vino sola desde la prehistoria. Esto que hago yo es lo primero que se hacía. La escritura fue muy posterior a la oralidad.

Estuvimos miles de años contándonos las cosas hasta que alguien inventó la forma de hacerlas perdurables en una piedra, en un papiro, en un papel y posteriormente en una imprenta. Pero antes de eso se contaban las cosas. No inventé. Todo lo contrario: desinventé, me parece.

Las reglas para contar la vida de los otros

—Tus historias están llenas de tu familia, tus amigos, tus hijas, tus parejas. ¿Dónde termina el recuerdo verdadero y empieza la literatura? ¿Cuánto se puede modificar una anécdota para hacerla más atractiva?

—Yo tengo una regla de juego interna. Primero, no hablar de personas que no quieren sentirse expuestas en lo que hago. Si hablo de mis padres, de mis hijas o de mis amigos, no lo hago de todos, sino de aquellos que tácitamente están de acuerdo con que yo genere esa exposición.

Ahí hay un pequeño dato que hace que yo tenga que editar, que no pueda contar toda la verdad siempre, por una cuestión de preservar a personajes reales.

Y después hay una regla interna que tengo siempre: si voy a exagerar, si voy a maquillar un poco la realidad, que no sea nunca para vanagloriarme, para alardear de algo personal. Si voy a exagerar, voy a exagerar que me fue peor de lo que me fue, no que me fue mejor. No voy a usar el maquillaje nunca en ningún cuento mío para ser mejor o para parecer mejor delante de otros, sino generalmente todo lo contrario. Soy bastante más antihéroe de lo que soy en realidad dentro de mis historias.

Después, salvando esas dos reglas internas de juego, voy por donde sea y siempre con una cierta verdad.

—Es casi un consejo para quienes cuentan historias en asados o reuniones familiares: cómo hacerlas entretenidas sin superar ciertos límites.

—Una cosa es que sea entretenido y otra cosa es que vos estés hablando por tu propio ego. Entonces contás que pescaste un pescado más grande del que pescaste. Yo, en realidad, si pesqué algo ese día en el río, voy a contar que me caí al río. Entretener tiene que ir de la mano con una ausencia de ego en lo que se cuenta.


Escuchá la entrevista completa con Hernán Casciari en Mañana de Noticias


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