Un proyecto de ley presentado por la senadora rionegrina Silvina García Larraburu busca limitar el uso de celulares en las aulas, con el fin de mejorar el aprendizaje, la concentración y la socialización de los estudiantes.
La iniciativa se fundamenta en los resultados de estudios internacionales recientes, como el Programa para la Evaluación Internacional de los estudiantes (conocido como informe PISA) y estudios de la UNESCO, que ubican a la Argentina entre los países con mayores niveles de distracción registrada por el uso de tecnología en clase.
Prohibición gradual
La propuesta de la senadora de Unión por la Patria contempla la prohibición total en el nivel inicial y primario, con algunas restricciones en secundaria, sólo permitiendo su uso con fines educativos o por salud. También establece que las escuelas deberán resguardar los dispositivos.
“El abuso de la tecnología en el aula afecta la concentración y el rendimiento académico. Necesitamos recuperar el valor del aprendizaje sin distracciones”, expresó la dirigente barilochense.
Según el informe “Celular en el aula: uso, distracción y aprendizajes”, elaborado por el Observatorio de Argentinos por la Educación, el 54% de los estudiantes argentinos de 15 años reconoce distraerse con su propio celular en clase, mientras que el 46% se distrae por el uso que hacen sus compañeros.
“No estamos en contra de la tecnología, sino a favor de una educación de calidad. Queremos que los dispositivos sean aliados del aprendizaje, no una distracción”, señaló García Larraburu.
Bajo rendimiento académico
También, los resultados PISA muestran una relación negativa entre la distracción por el uso de dispositivos y el desempeño en Matemática: los estudiantes distraídos tienden a obtienen puntajes más bajos en sus exámenes. Argentina (54%), Uruguay (52%) y Chile (51%) tienen los valores más altos en distracción, mientras que Japón (5%) y Corea del Sur (9%) presentan altos puntajes en Matemáticas por la baja distracción.
De los países participantes en PISA, Estonia (41%), Palestina (39%), Arabia Saudita (38%), Jordania (38%) y Argentina (38%) registran la mayor proporción de estudiantes que nunca desactivan las notificaciones en clase.
Argentina fue el único país de los 10 latinoamericanos evaluados en el que el porcentaje de mujeres que se sienten presionadas a responder mensajes es mayor al porcentaje de varones.
«En buena hora somos más cuidadosos con el celular en el aula. Estamos atravesando un período de turbulencias psicosociales incubadas por la presión del FOMO (miedo a perderse algo), la insana socialidad digital, en donde los que más sufren son las infancias y adolescencias”, plantea Alejandro Artopoulos, director del Centro de Innovación Pedagógica de la Universidad de San Andrés.
¿Prohibir o acompañar?
“El hecho de que «solo» el 54% de los adolescentes de 15 años usaran su celular todos los días en la escuela sugiere que, si más estudiantes hubieran tenido más celulares disponibles, los valores en distracción y/o rendimiento habrían sido peores. De esto se desprenden dos posibilidades: fomentar la prohibición de uso de dispositivos en las escuelas, o en cambio, dedicar tiempo a acompañar a los adolescentes en el aprendizaje del uso, con autonomía y responsabilidad de estas herramientas que actualmente tienen a mano y que, sin dudas, seguirán usando en el futuro”, sostuvo Andrea Goldin, especialista del CONICET y coautora del informe.
Teniendo en cuenta los factores de bajo rendimiento académico y la excesiva presión social por estar en línea, el proyecto de la senadora Larraburu establece que las instituciones deberán guardar los dispositivos.
Ante esto, Fabio Tarasow, coordinador del Proyecto Educación y Nuevas ecnologías (PENT) de Flacso expresó: “Si acordamos limitar su uso a momentos puntuales donde la actividad lo justifique, surge un desafío importante: ¿cómo se gestiona y controla el no uso? Esto nos lleva a la necesidad de definir políticas institucionales claras. ¿Dónde se custodian los dispositivos? ¿Se recogen en una caja o bolsa? ¿Quién asume la responsabilidad de esa tarea?” y agrega que si no hay estrategias institucionales bien definidas y un apoyo efectivo a docente y directivos para implementarlas “el problema persiste”.

