Confundir lo joven con lo bueno es habitual dentro del mundo político. Y esa mirada toma particular sentido esta semana, a la luz de la decisión anunciada el viernes por Juntos Somos Río Negro (JSRN), el partido que gobierna la provincia desde hace más de una década, de renovar por completo su conducción: el gobernador Alberto Weretilneck y el vicegobernador Pedro Pesatti dejarán la presidencia y vicepresidencia para dar paso a los intendentes de Cipolletti y Viedma, Rodrigo Buteler y Marcos Castro, en un movimiento que busca proyectar una nueva etapa hacia 2027.
Además de las salidas de las máximas autoridades provinciales de esos puestos, todos los demás integrantes de la mesa ejecutiva de JSRN no renovarán mandato, siendo reemplazados por dirigentes de distintos puntos de la provincia que comparten una característica: la juventud o un menor recorrido dentro del partido en comparación con quienes hoy dejan esos lugares.
El partido sigue así una línea que empezó a trazarse desde el Ejecutivo, con la reciente creación y jerarquización de la Secretaría de Estado de Juventud, Deportes y Cultura.
La “renovación” de JSRN
Ahora bien, la renovación, en sí misma, no es un problema. Por el contrario, puede ser una herramienta necesaria para revitalizar estructuras políticas, incorporar nuevas miradas y dinamizar la acción. La energía, la ambición y la disposición al cambio que suelen aportar los dirigentes más jóvenes son activos valiosos. Pero cuando ese recambio se apoya casi exclusivamente en ese rasgo, el riesgo es confundir impulso con capacidad de conducción, o novedad con eficacia política.
Un partido político y una gestión de gobierno no pueden prescindir livianamente de dirigentes con experiencia, que puedan aportar miradas más profundas sobre los problemas de corto, mediano y largo plazo que deben resolver quienes están a cargo del Estado. No puede soslayarse la importancia de los contactos y de la confianza, que sólo puede construirse con el paso de los años, para la vinculación efectiva con otras esferas del Estado, con el sector privado y con los ciudadanos.
En síntesis, una renovación apoyada casi exclusivamente en la juventud se acerca a la posibilidad de sumar dificultades más rápido de lo que puede resolverlas.
Si la decisión central es renovar, ese objetivo puede alcanzarse recorriendo otros caminos, conectando diferentes puntos, integrando visiones de distintos actores. Allí, sin dudas, los jóvenes tienen un rol clave por su ímpetu y capacidad de vitalizar procesos, pero no a costa de desplazar de manera tan marcada a quienes pueden anticiparse a los hechos, aconsejar y agilizar gestiones a partir de su experiencia.
El futuro de Weretilneck
El dilema para los gobiernos es encontrar a esas personas dispuestas a sumar su experiencia a un proyecto político partidario o a un equipo de trabajo en el Estado. Y en el caso particular de JSRN, la pregunta que cabe hacerse es si cuenta con el tiempo suficiente para presentar de una manera convincente esta “renovación” ante los rionegrinos. Porque detrás de la decisión anunciada esta semana serán más insistentes las preguntas sobre las ganas del gobernador, Alberto Weretilneck, de buscar un nuevo mandato en 2027.
Esta semana ya evadió esa pregunta, apelando al tradicional “falta mucho para las elecciones y nosotros estamos ocupados en la gestión”. Pero todos saben en el mundo oficialista que no falta tanto para las urnas, que en el segundo semestre el panorama deberá ser nítido —inicialmente para dirigentes y militantes— y que el “nuevo” JSRN no será sencillo de presentar si no llega con pruebas concretas sobre una manera diferente de gestionar el Estado.
Rutas nacionales: un viejo nuevo problema
Y si hablamos de giros, esta semana por fin hubo novedades relevantes con respecto al futuro de las rutas nacionales que atraviesan la provincia. El decreto firmado por el presidente Javier Milei permitirá al gobierno rionegrino administrar tramos de las rutas 22, 151, 23 y 40 sur. “Nos hacemos cargo de lo que nadie resolvió en 20 años”, dijo ayer Weretilneck, en un video publicado en sus redes sociales.
Una verdad a medias, porque ese “nadie” también incluye al Gobierno provincial, que miró siempre desde muy lejos la problemática de la conectividad terrestre para los rionegrinos.
Es cierto que la responsabilidad mayor siempre fue de Nación. Es cierto que los amparos presentados por los municipios de Roca y de Cervantes fueron una muralla tan alta como la que rechazaban para el necesario diálogo político ante las controversias técnicas por los proyectos de obra. Pero también es cierto que, durante buena parte de las últimas dos décadas, la Provincia no se corrió un centímetro de su secundario rol de autoridad de aplicación de la audiencia pública por el impacto ambiental de la autopista en la Ruta 22.
Un desafío que requiere experiencia
Recién cuando Vaca Muerta se consolidó y cuando las inversiones en gas y en petróleo empezaron a abrir la puerta hacia un futuro económico más próspero en la provincia, el Gobierno provincial alzó la voz por el pésimo estado de los caminos.
No obstante esa aclaración, es positivo que se haya asumido el desafío de mejorar y terminar las rutas y —precisamente por la experiencia de Weretilneck— es factible que en las negociaciones con Nación ya esté planteado el esquema financiero para avanzar con los trabajos. Nadie toma con sus manos un hierro tan caliente si no conoce previamente los insumos que tendrá a disposición para evitar quemarse.
La nueva Mesa Ejecutiva de JSRN

