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Río Negro

1988-2025: la Constitución que dejó enseñanzas para la política actual

Literal entrevistó a los protagonistas de la reforma constitucional de 1988. ¿Llegó la hora de volver a debatir otra Carta Magna para Río Negro?
Constitución de Río Negro. Imagen elaborado con IA.

Para 1987, el país atravesaba tiempos convulsos. Nada había sido fácil desde el retorno de la democracia, pero con los primeros levantamientos de ciertas fracciones de las Fuerzas Armadas, la continuidad democrática parecía, una vez más, pender de un hilo. No obstante, la ciudadanía de aquel momento no estaba dispuesta a permitir que se perdieran nuevamente los derechos y libertades que tanto tiempo había anhelado.

En ese contexto, Río Negro decidió trazar su propio camino para los años venideros. A través de una nueva Constitución, la provincia amplió derechos e incorporó herramientas modernas para reforzar el espíritu democrático y dialoguista que se vivía por entonces.

Se trató de la primera reforma constitucional desde que el antiguo Territorio Nacional de Río Negro se había convertido en provincia, y que, dos años después de aquel hito de 1955, logró dictar su inicial Carta Magna.

En esta nota de Literal, recuperaremos la esencia de aquellas modificaciones que marcaron un antes y un después en la historia provincial. En voz de algunos de sus protagonistas, profundizaremos en el clima de aquellos años, en cómo se desarrolló el debate constituyente y en qué aspectos, a la luz de la realidad actual, sería necesario volver a revisar.

Una falla de origen y el cambio de la capital

«Había un fuerte clima de época. Veníamos del proceso militar, y el ’83 naturalmente facilitó el diálogo entre todas las fuerzas políticas. Río Negro no fue ajena a ese clima, y fue percibido con mucha perspicacia e inteligencia política por el entonces gobernador Álvarez Guerrero, quien puso en marcha la reforma constitucional», comentó el exgobernador Horacio Massaccesi en diálogo con Literal, al referirse al contexto en el que se gestó el proceso constituyente.

El exmandatario fue el encargado de poner en vigencia el nuevo marco normativo al inicio de su primera gobernación, cargo al que accedió luego de su paso por la Cámara de Diputados.

Para los protagonistas de aquella Constitución, hubo dos desencadenantes clave para la revisión: la proscripción del peronismo y el proyecto de traslado de la capital federal a Viedma.

La Constitución de 1957 fue pionera y rigió durante más de 31 años, pero presentaba un problema de representatividad. En aquel entonces, la autodenominada Revolución Libertadora buscaba desterrar el ideario peronista de la vida política y civil de la Argentina. Por ese motivo, avanzó con un marcado proceso de proscripción del partido que había gobernado entre 1946 y 1955.

Esa exclusión generó, durante años —y especialmente en tiempos de amplia participación democrática—, la necesidad de incorporar al PJ en la discusión del marco normativo rionegrino. Algo que, en la constituyente anterior, había sido impedido.

Imágenes de los debates en la Legislatura.

Al respecto, Massaccesi consideró que la primera Constitución rionegrina era un texto «mutilado». Además, señaló que la Carta Magna del ’57 reflejaba la excesiva rivalidad entre el Alto Valle y Viedma, lo cual también relegó de participación a muchos otros sectores de la vida política.

Por otro lado, Raúl Alfonsín había presentado, meses antes, el denominado Proyecto Patagonia y Capital, una iniciativa que buscaba fundar una «segunda» República a partir del traslado de la capital al Distrito Federal Viedma-Carmen de Patagones. Este cambio, que atentaba contra la histórica concentración de poder que ostentaba la ciudad de Buenos Aires, implicaba para la provincia una necesaria modificación de su esquema de organización y funcionamiento.

Nadie quedó afuera

En ese escenario, en julio de 1986, a través de la Ley N.º 2087, se declaró la necesidad de la reforma. El proceso comenzó a ejecutarse en diciembre de 1987, en Bariloche, y se prolongó durante seis meses, hasta su sanción, el 3 de junio de 1988.

El gobernador Osvaldo Álvarez Guerrero realizó el llamado a una constituyente en 1986.

«Nadie quedó afuera de la reforma constitucional del ’88«, sostuvo Massaccesi, quien definió al texto sancionado como «un buen acto de docencia política«, por haber logrado el consenso necesario para hacer de Río Negro «una provincia totalmente inclusiva desde lo institucional», pese a sus luces y sombras.

En la misma línea, el abogado y constituyente Edgardo Albrieu remarcó que ni la UCR, ni el PJ, ni el Partido Provincial Rionegrino (PPR) tuvo mayoría en la convención, lo que obligó a buscar acuerdos: «Todos los temas se tuvieron que acordar», dijo.

«Durante esos seis meses discutimos y acordamos todos los temas. A veces, el que hacía de árbitro era el PPR, con sus siete votos«, explicó.

Por su parte, Gustavo Casas, arquitecto y representante constituyente por el justicialismo, recordó que la sanción fue «un hecho histórico«, y que el resultado fue una Constitución 100 % rionegrina. «La camiseta que nos pusimos fue la de la provincia; después venía la del partido al que pertenecíamos. Es un aspecto a resaltar, viendo que hoy andamos a los tironeos y con la patria dividida en tantos pedazos como inteligencias haya», opinó.

El debate de la nueva constitución comenzó en 1987, mientras en paralelo asumía Massaccesi a su primer mandato.

«Los representantes del Pueblo de la Provincia de Río Negro»

Entre las principales modificaciones se destacó la incorporación del preámbulo, ya que la Carta Magna de 1957 carecía de él. En pocas líneas, ese texto reflejó los principios rectores que, a pesar del tiempo transcurrido, mantienen una marcada vigencia:

Los representantes del Pueblo de la Provincia de Río Negro, reunidos en Convención Constituyente, ratificando su indisoluble pertenencia a la Nación Argentina y como parte integrante de la Patagonia, con el objeto de garantizar el ejercicio universal de los Derechos Humanos sin discriminaciones, en un marco de ética solidaria, para afianzar el goce de la libertad y la justicia social, consolidar las instituciones republicanas reafirmando el objetivo de construir un nuevo federalismo de concertación, consagrar un ordenamiento pluralista y participativo donde se desarrollen todas las potencias del individuo y las asociaciones democráticas que se da la sociedad, proteger la salud, asegurar la educación permanente, dignificar el trabajo, promover la iniciativa privada y la función social de la propiedad, preservar los recursos naturales y el medio ambiente, descentralizar el Estado haciendo socialmente eficiente su función, fortalecer la autonomía municipal y el equilibrio regional, lograr la vigencia del bien común y la paz bajo la protección de Dios, ordenamos, decretamos y establecemos esta Constitución para la Provincia de Río Negro.

— Preámbulo de la Constitución de Río Negro

Lo judicial

Los convencionales también trabajaron arduamente en cambios dentro del Poder Judicial. Una de las más importantes fue la introducción de los Consejos de la Magistratura. «Se introdujo el llamado ‘Consejo grande’, que es el que elige a los miembros del Superior Tribunal de Justicia y al Procurador, y el llamado ‘Consejo chico’, encargado de seleccionar jueces, fiscales, defensores y secretarios. Este último es revolucionario para todo el país, porque es el único donde el Poder Ejecutivo no participa en absoluto: ni en la ratificación ni en la revocación de los jueces», explicó Albrieu.

También se incorporaron nociones centrales como la intangibilidad y la inamovilidad de los jueces. «Eso fue muy debatido. Yo, personalmente, creo que es fundamental para el funcionamiento de la Justicia. Si no existiera la inamovilidad, directamente te pueden mover de un lado a otro con el tema del traslado, y eso sería problemático», agregó Albrieu.

Por su parte, Casas consideró que el texto constitucional aglutina aspectos modernos, como los derechos a la información, a la libre expresión, y una amplia gama de derechos sociales: derechos de familia, de niñez, de juventud, de la tercera edad, para las personas con discapacidad, para los trabajadores, para las organizaciones gremiales, la preservación de los recursos naturales y el reconocimiento de los pueblos originarios.

También remarcó los avances en materia de tierras: «Hubo novedades en ese aspecto. Se comenzó a priorizar la titularidad de la tierra para los pueblos originarios. Creo que es un hecho significativo.»

Los municipios

Además, la Constitución del ’88 otorgó un reconocimiento especial a los municipios. Se fijaron reglas para aquellos que no tenían Carta Orgánica y se habilitó a cada localidad a crear su propio marco legal. También se inició un proceso para definir los ejidos colindantes, algo que todavía no se concretó.

«Parte de la base de que los municipios son anteriores a la provincia, en toda la patria. Esos son datos importantes, sobre todo cuando algunos intendentes siguen luchando por cuestiones de autonomía y competencias», sintetizó Casas.

Qué queda pendiente

Casi cuatro décadas pasaron desde la reforma, un período en el que el país atravesó intensos procesos de cambio. Los protagonistas de aquella Constitución reconocen que algunos aspectos podrían requerir una actualización, aunque advierten que el contexto político actual no es el más propicio para avanzar. Incluso, hay quienes consideran que podría ser contraproducente.

«Siempre hay temas que deberían tratarse nuevamente, pero es una Constitución que ya tiene 40 años. Yo creo que ha llegado el momento —es una opinión muy personal— de convocar a una convención para revisarla, porque las cosas han cambiado mucho en este tiempo. Ya pasó mucha agua bajo el puente. El tema ecológico sería uno de los puntos a actualizar», consideró Edgardo Albrieu.

Por su parte, Massaccesi opinó que la actual Constitución otorga un excesivo protagonismo al municipalismo, lo cual, desde su experiencia como gobernador, complica la gestión provincial. «Es una cuestión personal, pero la Constitución exacerba demasiado el municipalismo. Río Negro es una provincia muy extensa geográficamente y, desde 1957 hasta acá, ha habido una revalorización del rol municipal. Pero no es lo mismo revalorizarlo que exacerbarlo. Algunas localidades están a 6 o 7 kilómetros entre sí. Desde mi experiencia de gobierno, lo visualizo como un exceso. No se puede tener un Concejo Deliberante en Huergo, otro en Godoy, otro en Regina y otro en Chichinales, todos en un radio de 30 kilómetros. Es mucha dispersión y no suma a la institucionalidad. Es muy buena la experiencia de Mendoza, con ciudades cabecera de partido, donde todo es mucho más práctico«, ejemplificó. También señaló que sería necesario avanzar en una modernización y desburocratización del Estado.

¿Es posible un llamado a reforma hoy?

Sin embargo, Massaccesi consideró que primero es necesario que “las aguas se apacigüen” para dar lugar a un nuevo proceso reformista. «Ya lleva más de 37 años, y en el medio hubo una reforma nacional, en 1994. Hay que esperar a tener arenas menos turbulentas que las actuales. Hoy, la dirigencia no puede sentarse a conversar sobre cuestiones elementales, por lo que sería imposible hablar de consensos para una reforma constitucional«, sostuvo.

Además, advirtió sobre los riesgos de avanzar sin acuerdos amplios: «Hay que tener cuidado, porque el sistema democrático se asienta precisamente en consensos consolidados. Y si no hay consensos consolidados, no hay democracia«, alertó.

En ese sentido, Gustavo Casas consideró que una reforma en este momento podría significar un retroceso. «Hoy es peligroso, porque la Constitución actual tiene mucho sentido social, y con tanto discurso liberal dando vueltas, me preocupa. Sobre todo esa idea de que ‘cada uno tiene que salvarse’. Hay que esperar oportunidades más interesantes, donde confluyan pensamientos que aporten a una cosmovisión social y argentina», concluyó.

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